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El humor no sobra

La noche televisiva de los viernes amenaza con especializarse en humor mientras seguimos con los sábados muy politizados. Posiblemente Cuatro se encomendó a este fenómeno hace una semana para lanzar su Guasabi, un programa que lo fía todo a la cámara oculta y a Eva Hache, esta vez a los mandos de una tertulia de plató sin gracia ni razón de ser. Nacho Vigalondo y compañía parecían desnortados frente al público y con risas enlatadas de fondo. La poca audiencia deja en el aire este invento, anunciado como un especial para ver si daba en la diana la misma cadena que ya fracasó con la cámara oculta de Ciento y la madre y Patricia Conde.

Guasabi recurre al humor politizado, la vía que tanto éxito le reporta a Wyoming en El intermedio. Las bromas con cámara oculta están bien trabajadas y tienen su gracia, a cuenta del independentismo, la corrupción, Wert o los recortes sanitarios. Y corroboran lo que ya demostró la película de Manuel Summers en 1982: To er mundo é güeno. Estudiantes que empujan el coche del ministro de Educación, madrileños que se apiadan de un separatista catalán en Atocha y hasta quien se llevaría un enfermo sin plaza hospitalaria a su casa. No todo está perdido.

Lo que sí doy por perdido es reírme con Me resbala, a pesar de Arturo Valls y su banda de humoristas en apuros. Aunque a la apuesta de Antena 3 le reconozco un mérito que escasea: busca a todos los públicos y a los más pequeños en especial. También lo hace José Mota en La 1, liderando el ranking de humor televisivo de la jornada. Y aunque a veces se sale del tono infantil, está muy bien que la niña Ana Pastorcilla retrate tan bien en El objetivillo a los políticos. Entrevistarlos pa ná es tontería.

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