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Hoy Rajoy: el estadista líquido

¿Cuánto durará la legislatura? Hoy ni las empresas planifican a más de 12 meses. Quien lo haga miente.

En nuestra imperfecta democracia, la noticia ha muerto, lo que importa es el contexto. En la era digital, con el titular convertido en comoditie y en una realidad cambiante, sinuosa e incluso circular, la noticia rinde vasallaje al contexto. El contexto, por ejemplo, explica la muerte de la nonata reválida, la algarada podemil y condicionará muchas más cosas que vendrán. Al menos el gremio periodístico es capaz de diseccionar el contexto y en eso lleva ventaja al ejército de amateurs, diletantes y trolls. El contexto se ha vuelto impredecible. Aquí vale aquello que el pensador polaco Zygmunt Baunman llamó la modernidad líquida.

Hoy es Rajoy. Entrevisté a Mariano Rajoy en los 90. Entonces todavía respondía a asuntos espinosos como, en esta ocasión, el túnel de Sóller -un afer de financiación irregular del partido en Baleares-. La primera respuesta fue: ¿y a ustedes por qué les interesa esto? Más de dos décadas después, sigue tumbado a la gallega. Hoy será investido presidente el político más líquido conocido. Mariano personifica la privatización de la ambivalencia que señala Bauman, el nomadismo del hombre moderno en estado acuoso, el paradigma de la persona contemporánea que pueda cambiar de una posición a otra de manera fluida. Rajoy fluye. Impávido. Mariano ha sido todo, y de nuevo presidente, sobrevolando y gestionando a su favor el contexto de incertidumbre.

Sin certezas. La gran pregunta que se hacen en bares, clubes deportivos, casales falleros o la patronal es si en estas circunstancias de acuosidad institucional esta legislatura será corta o larga. En este sentido quien se aventure a planificar a más de un año vista miente o es un visionario. Las agendas globales de las empresas ya se elaboran sólo con 12 meses de previsión. Así que el contexto líquido que se impone es nuevo, inédito para los partidos políticos que hoy investirán -por acción, omisión u oposición- al presidente gallego. ¿Cómo se adaptarán nuestros representantes a esta nueva situación, de negociación constante, de estabilidad casi gaseosa? ¿Cómo perciben los votantes sus posicionamientos distintos? ¿Cuánto hay en sus poses de convicción ideológica y servicio al ciudadano y cuánto de blindaje de su estipendio?

El lenguaje. Bajo la premisa de que el lenguaje crea realidad son los signos verbales y no verbales los que definen las prioridades de los partidos y sus planteamientos. El «gilipollas» que soltó Rivera a Iglesias o los tics bolivarianos de Podemos que hoy abrazarán el Congreso hablan por sí solos. Podemos, crecido en sus espantadas parlamentarias se siente vencedor en el litigio de los desequilibrios institucionales. Sin embargo hoy y sin saberlo darán oxígeno al PSOE. Aquí un radical, aquí los mártires de la gobernabilidad.

Conflicto. Sería apasionante congelar la imagen, analizar cada uno de los elementos de la foto del momento. Lo que ocurre es que el partido se juega es directo. No obstante podemos distinguir varios fenómenos: que el fin de las mayorías absolutas tiene inconvenientes de gestión pero virtudes indudables en el ecosistema. Que el conflicto, como proceso de cambio, no ha de dramatizarse. Y que cada partido ha desarrollado una praxis que, en algunos casos, es paradójica.

Populares. Comencemos con el PP. Mayoritario en la CV y en el resto de España, resulta curioso que el partido que mejor parece adaptarse a la realidad cambiante sea el que menos se mueve. Y resulta también que a tenor de los resultados electorales recientes, parece la formación que más se parece a los españoles o a los valencianos. Y que por fortuna para ellos, cuando deberíamos estar hablando de qué ofrece el Rajoy candidato todo el morbo radica en conocer el alcance del desgarro socialista.

PSPV-PSOE. En cuanto al PSOE, alimentó fuera y dentro del partido la ilusión de abrirse a la sociedad y ha defraudado a muchos militantes, desandando en un «comitazo» federal la senda de las primarias. Además, uno de los precursores de la elección directa del líder por la militancia, Ximo Puig, aparece entre los facilitadores de la abstención de hoy en la bancada socialista. También es el barón más afectado entre los suyos -la onda expansiva abstencionista parece llevarse al síndic Manuel Mata- y con los socios: Podemos no pierde oportunidad para afearle la conducta y Compromís le resta crédito en público y en privado.

¿Y Ciudadanos? En cualquier país avanzado C´s se vería reforzado entre los votantes centristas pero aquí la bipolaridad resiste. Tiene mucho que ver en la fiebre naranja el jacobinismo de su mayoría, el discurso inadaptado hacia la diferencia territorial y la afasia ideológica de algunos de sus cuadros. Democracia líquida, incertidumbre y porras. ¿Cuánto durará esta legislatura? Para responder, pensemos: ¿está el PSOE como para precipitar en 2017 unas nuevas elecciones? Pues eso.

EL TEATRO DEL FÚTBOL

Valencia-Barça. Aún colea. Partido inacabado y «a la antigua», como escribe Juan Cruz. Y un descacharrante festival de poses. Los noticieros de postín nos prestan una atención sin precedentes que sólo puede explicarse porque el pecador es Cataluña, bestia negra del dominante madridismo peninsular. Sigue la tormenta perfecta de tornillería y oportunismo de la que nadie se salva. Ni la abstencionista presidencia del VCF, ni la mala educación del club culé, ni la falta de cultura deportiva del respetable, provocado por Neymar y cía. Hasta el Molt Honorable ha terciado en el asunto, defendiendo la plaza -ajena- ante la afrenta. Los voceros del club han ganado la batalla de la opinión pública porque la otra la perdió el equipo. A Undiano deberían inhabilitarlo pero la derrota tiene los pies sobre el césped. Lo demás es teatro. El VCF, desencajado y externalizado no volverá a tener al Barça tan a huevo.

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