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La caja de Pandora

Alguien, en un ambulatorio de la Seguridad Social, fotografió hace poco un cartel colgado en la pared y lo difundió a través de Twitter. El aviso decía: «Por favor, espere a ser atendido y no abra la puerta. Puede haber una persona dentro y podría ser usted». Para dar con un acierto literario de este calibre conviene ser un poco ingenuo. Juan García Hortelano decía que para escribir novelas no era absolutamente necesario ser tonto, aunque ayudaba bastante. El ensayo, en cambio, tanto en su versión escrita como oral, exige inteligencia. Desde el advenimiento de Donald Trump, no hacemos otra cosa que leer ensayos en la prensa escrita y escucharlos en las radios y teles. Claro, que a posteriori se explica todo. El mérito habría sido explicarlo antes de que sucediera.

La poesía, y la literatura en general, explican las cosas antes de que sucedan. Tal es su mérito. Y no porque los autores sean sabios, sino porque se las revelan los dioses, sobre todo a los poetas. Lewis Carroll, en Alicia en el país de la maravillas, describió los agujeros negros mucho antes de que se le ocurrieran a Stephen Hawking. Y no hay libro de física subatómica que no incluya entre su aparato bibliográfico Alicia a través del espejo. Podríamos afirmar que la literatura predice y el ensayo posdice. Pero no seamos rígidos: todo ensayo que se precie tiene algo de novela y toda novela interesante tiene algo de ensayo. Significa que para escribir, trátese de uno u otro género, conviene ser simultáneamente un poco listo y un poco tonto. El tonto rebaja las pretensiones del listo y el listo eleva de nivel las ingenuidades del tonto.

El cartel ya citado es un ejemplo de lo que venimos explicando. Si arriba afirmábamos que el hallazgo requería dosis considerables de ingenuidad, ahora aseguramos que su autor posee un talento ensayístico fuera de lo común. Y es que efectivamente, podemos estar dentro y fuera de forma simultánea. De hecho, volviendo a Trump, si fuéramos sinceros, reconoceríamos en él, exagerados, muchos de los vicios de nuestras políticas. Es lo que pasa por abrir la puerta. O por abrir la caja de Pandora.

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