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La ciudad en trance

Las lluvias del pasado domingo „señalan que cayeron 130 litros por metro cuadrado„ aparte de aparatosas, han dejado al descubierto deficiencias de Valencia, algunas ya conocidas y otras que las agravan o amplifican. En todas las grandes urbes sucede de vez en cuando y hay equipos que hacen un trabajo enorme para resolver las emergencias, como así ocurrió aquí. Pero hay que hacer un planteamiento en serio de las infraestructuras, para que eso se resuelva o al menos se palíe y pueda preverse con la antelación suficiente. El lunes, la alerta decretada hacía que todos fueran más prudentes y que estuvieran prevenidos, qué menos.

Recuerdo que durante años y años cuando llegaban septiembre y octubre con las lluvias se repetía la noticia de la inundación en los poblados marítimos. Ahora han sido también otros barrios. La imagen de túneles inundados, de coches atrapados, de bajos y de garajes a rebosar de agua es siempre una mala noticia, con daños cuantiosos para las personas y algunas han puesto en peligro sus vidas, mucho más valiosas. No hay que lamentar víctimas, pero sí en otras partes de España, donde han sido las tormentas igualmente desastrosas.

El cambio climático va agravando lo que era ya una secuencia recurrente e inmemorial (recordamos la tremendas riadas). Se han hecho obras para atajarlas que son de sobra conocidas. Pero la ciudad ha seguido creciendo y complicándose más y esa misma complejidad hace que surjan nuevos problemas y que las soluciones sean más necesarias. Bien cierto es que no atravesamos tiempos boyantes que permitan hacer alardes de inversiones (imprescindibles y que además darían mucho trabajo y disminuirían el paro).

La ciudad quedó tocada y ya estaba conmocionada por el duelo por la exalcaldesa Rita Barberá. Es comprensible por su final súbito y por su largo mandato y la gran influencia política que ha tenido, en su marco era una lideresa. Un referente de un largo período en AP y el PP. La estrella se había ido apagando con los problemas de el Cabanyal, el Botànic, el nuevo estadio, la F1 o la Copa del América y el caso Nóos. Mientras, sigue la investigación sobre el caso Taula. Se necesitará que todos esos temas queden solventados para hacer balance con la perspectiva completa. La respuesta institucional ha sido la adecuada y respetuosa. La de su expartido más sentida sin duda y lógica con amigos de toda una vida, qué menos.

Pero la política es el arte de resolver los problemas de hoy y mirar para el futuro. Sin esa planificación y esa voluntad de ir adelante no haríamos nada de provecho para los valencianos, que es lo que cuenta. Los desafíos de esta sociedad del siglo XXI y en esta coyuntura son grandes y están bien claros. No son solamente de los valencianos y de los españoles, atañen a la Unión Europea más que nunca. Es el peso de Valencia „social y económico„ dentro de la Comunitat Valenciana, el peso que tenga dentro del Estado lo que determinará y permitirá planearlos y resolverlos. Se necesita, por lo tanto, un gran esfuerzo colectivo (y no sólo sacrificios) y la voluntad política. O no saldremos del trance.

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