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Aquellas top

El domingo hará un mes, y todavía colean los ecos y siguen los comentarios. Me refiero al homenaje a Gianni Versace en el vigésimo aniversario de su muerte, celebrado en la Semana de la Moda de Milán, y que culminó con la aparición estelar de las más encumbradas «top models», un título y fama que debieron en gran medida al impulso del mismo Versace. Que aportó a la moda un espectacular revulsivo «sexy», poderoso empuje a que las maniquíes más destacadas se erigieran en venerados fetiches de lujo y supremos prototipos glamurosos; una condición hasta entonces solo alcanzada por las estrellas cinematográficas en la etapa dorada de Hollywood.

Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Carla Bruni, Cindy Crawford y Helena Christensen comparecieron en la gala de Milán enfundadas en dorado lamé, luciendo cuerpazos no desmerecedores de las siluetas que hace casi treinta años eran el no va más de la fascinación. En la cita faltaron las otras dos grandes: Linda Evangelista y Christy Turlington, pero el quinteto citado brilló tanto que no se notaron las ausencias. Allí estaba Noemi, la incombustible que no ha abandonado aún las pasarelas; la frutal Claudia; la elegante Carla; la misteriosa Helena; y la americana Cindy, que ahora prolonga su profesión y éxitos en la persona de su jovencísima hija Kaia Gerber.

Quiero resaltar que por lo menos tres de esas cinco han pasado por nuestra ciudad en distintos momentos. Claudia Schiffer fue gran atracción en un desfile de Chanel que tuvo lugar aquí, en la plaza de toros. Helena Christensen estuvo en la desaparecida tienda de Armani, en la que inauguró una exposición de sus fotografías, un arte que practica con buen oficio y buenos éxitos. Y a Carla Bruni, exquisita cantante y hoy ex primera dama de Francia, la trajo a València Alex Vidal y cerró el desfile de su colección, deslumbrante con un modelo ideado por Alex para una novia especial, con primoroso trabajo de relieves y plumas sobre el tejido de mikado marfil. Fue en nuestra añorada Semana de la Moda, hacia 1996. Vidal podía permitirse esos lujos. Y Carla no era todavía Madame Sarkozy. Eran otros tiempos.

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