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Maite Mercado

Astracanada futbolera

Yo ahí no me meto», pensó José Antonio Camacho al ser invitado a participar en la tertulia que estrenaba Telecinco tras el partido de la selección española con Irán. En directo, junto a Manu Carreño y Kiko Narváez, le vimos diciendo que no con la mano mientras Joaquín Prat, copresentador de «Las Mañanas de Ana Rosa» y encargado de conducir el nuevo engendro televisivo, les pedía que se incorporasen. Los tuiteros que seguían en la cadena en ese momento se volvieron locos con el desprecio del exseleccionador nacional y los chistes arreciaron. Resultó lo más divertido de un pospartido dándole vueltas al mal juego de La Roja en un encuentro agónico, como gustan decir los especialistas del sector, en el que acabamos pidiendo la hora, con VAR incluido confirmando la anulación del gol de los iraníes en fuera de juego.

El nombre elegido para el programa, «Ahora, la Mundial», daba pistas del tono buscado, una espeluznante mezcla de «El Chiringuito de Jugones» y «Sálvame». En la promo avisaban: «El análisis, los detalles, los goles. Todos los puntos de vista del mayor espectáculo del mundo. Entérate de lo que pasa en el Mundial con Joaquín Prat y los colaboradores más polémicos, para que vivas el campeonato como si estuvieras en Rusia». Los temibles colaboradores son Irene Junquera, ex del programa de Pedrerol; los periodistas Siro López, David Sánchez, bregados en formatos similares, y Rodolfo Irago, fichaje de Mediaset tras ser despedido por Pedro Sánchez como jefe de prensa de los socialistas en el Congreso, y Kiko Matamoros, que ha vuelto a «Sálvame» tras un descanso de nueve meses como encargado de ´El club del espectador´, un espacio «para dar voz a la audiencia» y con experiencia previa: participó en el fracasado «Tiki Taka» de Cuatro, donde coincidió con David Sánchez, famoso por su feroz antimadridismo, alimentado, dicen, porque era novio de Sara Carbonero, que le dejó por Iker Casillas. Inevitable caer en lo rosa dejando para el final al más noble de los tertulianos: Alessandro Lecquio. También estaba la chica rubia que no abría la boca para cumplir con la cuota femenina cuyo nombre no se menciona en las crónicas.

De los once millones y medio de espectadores del partido, solo una undécima parte resistió la astracanada y se quedó como cuarta opción de la noche. Lo poco gusta, lo mucho cansa y lo repetitivo... aburre.

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