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Billete de vuelta

De manual

Quien aspira a convertir en best seller su manual de resistencia ha tenido que tragarse el título antes de que el libro salte a los estantes de las librerías y a las mesas camilla de las Casas del Pueblo. Esta semana, Pedro Sánchez se ha visto obligado a rectificar sus planes catalanistas en parte por la presión de los barones territoriales, temerosos de que cuanto más se afane el jefe en contentar a la secesión para mantenerse amarrado a la silla de Moncloa mayor es el riesgo de que les muevan las suyas tras los comicios de mayo en comunidades autónomas y ayuntamientos. O sea, que el manual para resistir ha trocado, antes de llegar a imprenta, en una oda al envaine.

Dicho lo cual, no cabe considerar un éxito la manifestación de patriotas del mediodía del domingo en Madrid, por mucho que se empeñe en inflar las cifras el corifeo de la derecha rediviva. En parte porque el cambio de rumbo del Gobierno tras anunciar la ruptura de las negociaciones con el catalanismo recalcitrante convirtió la concentración roja y gualda más que en un acto de afirmación en un festejo de regocijo por el giro inesperado de Sánchez. O sea, que lo que empezó como una reunión de acidez de los jugos gástricos acabó en una terraza con una plácida caña y una ración de calamares.

De todo este berenjenal lo que resulta más evidente es que la legislatura puede estar llegando a su fin y que el presidente del Gobierno, sin un presupuesto que gestionar, se verá obligado a convocar elecciones.

Y una última: la foto de Moriyón en Madrid pegada a Pablo Casado ha hecho santiguarse al PP asturiano y llenado de emoticones de risa el Whatsapp de los foristas. Si esta película fuera Piratas del Caribe se diría que ha despertado el Kraken.

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