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Matías Vallés

Al azar

Matías Vallés

Rami Malek no canta nada

Si la ceremonia de los Oscars le pareció insulsa sin haber visto las películas, imagínese si encima le obligaran a engullir los ocho títulos deficientes que competían por el galardón. La diseminación de las estatuillas demuestra la calidad equivalente de los concursantes, todos ellos por debajo de lo tolerable.

Godard predica que el cine es “chico busca chica”, preferentemente bella. Por tanto, los Oscars se deciden en los premios de interpretación. Cabe impugnar sin atenuantes el galardón de Rami Malek por Bohemian Rhapsody. En primer lugar, su trabajo es más deficiente de lo que sostienen los forofos de esta película superventas. Con su insistencia en parecer dentón, no sabes si recrea a Freddie Mercury o a Jerry Lewis.

Y sobre todo, el estadounidense de origen egipcio no canta nada. Rami Malek se limita a mover los labios, mientras suenan a su través el auténtico Freddie Mercury y el misterioso Marc Martel. La interpretación se convierte así en una parodia, que demuestra que Hollywood ha rebajado notablemente sus estándares de exigencia. El marroquí Abdelilah Rachid efectúa una imitación más perfecta del solista fallecido en Razzia, una película demasiado sólida para someterse a los Oscars.

Entre los nominados, Bradley Cooper no solo interpreta y dirige la enésima Ha nacido una estrella, se esforzó además por interpretar las canciones de la película en directo y sin manipulaciones. Su actuación es impresionante, ningún espectador aguanta sin escalofríos la escena de la entrega de Grammys en que pierde el control de sus funciones anatómicas.

Y sobre todo, Cooper ha conseguido que Lady Gaga deje de ser una pelmaza Avida Dollars y Avida Publicitas, para convertirla en una estrella adictiva. Cada vez que ambos se sitúan a un metro de distancia, se escribe un nuevo capítulo de la historia universal de la sexualidad, según se demostró en la interpretación de Shallow en la gala. Por supuesto, Malek no pudo interpretar el We will rock you inaugural junto a Brian May, por deficiencias vocales obvias.

Siempre hay un lado positivo, y el Oscar a la estratosférica Olivia Colman sobre Glenn Close demuestra que Hollywood todavía detecta los arrebatos de genio. De Green book no hay nada que decir. Saboree mejor El reino y Todos lo saben.

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