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Mario Draghi está preocupado

Las comparecencias en el Supremo del ex secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, del ex delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, y de los mandos de la Guardia Civil y la Policía el 1 de octubre del 2017 han confirmado la creencia de que las penas del juicio serán duras. La condena por rebelión -alzamiento violento- sigue siendo improbable pero no así -al menos en algunos casos- la de sedición o conspiración para la rebelión. También ha sido relevante lo explicado por Manuel Castellví, exjefe de información de los Mossos, respecto a una reunión con Puigdemont, Junqueras y Forn, en la que la cúpula de los Mossos informó al gobierno de la Generalitat que la celebración del referéndum podría tener serias consecuencias por el casi inevitable choque entre las fuerzas de seguridad -que tenían la obligación por mandato judicial de evitarlo- con la gran movilización independentista que se iba a producir.

Por otra parte, el feminismo ha calentado la campaña electoral con el Día de la Mujer. Las encuestas sitúan al PSOE en cabeza y la última de El Mundo -pese a que no es sobre las generales sino las europeas- aporta un dato nuevo. Es la primera vez en la que la suma de la izquierda supera por poco a la de la derecha: 44,4% a 43,8%. Además, Podemos queda algo por delante de Cs y la ventaja del PSOE sobre el PP supera los ocho puntos (28,8% frente a 20,3%).

Pero el Supremo y las elecciones seguirán siendo el gran asunto. Por eso hoy es conveniente tomar nota de la creciente preocupación de los organismos internacionales -OCDE y Banco Central Europeo- por la profundidad de la desaceleración económica mundial. Esta semana ha habido dos avisos importantes. El primero es de la OCDE, que ha rebajado su previsión de crecimiento de la eurozona del 1,8 al 1%, o sea que la ha reducido a casi a la mitad.

El otro es más relevante. El BCE no sólo ha corregido a la baja sus previsiones, sino que ha rectificado su hoja de ruta. Mario Draghi, el presidente del BCE, ha anunciado un golpe de timón. Tres meses después de haber finalizado el masivo programa de compra de bonos (2.700 millones) y cuando creía que debía acabar la respiración asistida a la economía, ha decidido una nueva tanda de antibióticos. Primero pospone el aumento de su tipo de interés del 0% hasta fin de año o el primer trimestre del 2020. Segundo, vuelve a aplicar otro antibiótico -abandonado el 2016-, que consiste en dar créditos a tipos de interés cero a los bancos para animarlos a aumentar la concesión de créditos a las empresas. Este programa empezará en septiembre y durará hasta marzo del 2021 y los créditos serán de dos años.

Mario Draghi, que salvó al euro en el 2012 diciendo aquella famosa frase de que el BCE haría todo lo necesario para ello y «no lo duden, será suficiente», afirma ahora que «la economía ha entrado en un periodo prolongado de debilidad y de incertidumbre generalizada». Ni la OCDE ni Mario Draghi creen que estemos al borde de una recesión general, pero sí constatan la coexistencia de una fuerte desaceleración y varias incertidumbres -en el comercio mundial por la amenaza proteccionista y la tensión entre China y Estados Unidos y por los efectos del Brexit- que podrían acabar en recesión si no se retrasan las medidas de estímulo.

El cambio de las previsiones del BCE es relevante porque ha tenido lugar en sólo tres meses. Por el momento el empeoramiento afecta poco a España, pero sí a Italia, para la que este año se prevé recesión, a Alemania, para la que como fruto de la pérdida de impulso de las exportaciones se rebaja el crecimiento al 0,7%, y a Gran Bretaña para la que se barajan tasas del 0,8 o 0,9% de crecimiento del PIB, pero con amenaza de recesión en el escenario de un Brexit sin acuerdo.

Pero no nos llevemos a engaño, la desaceleración europea acabará afectando a España, comportará un menor ritmo en la creación de empleo y obligará -gane quien gane las elecciones- a un mayor rigor en la política económica. Y si no hay un gobierno fuerte, capaz de reaccionar con rapidez, la situación puede complicarse.

Lo positivo es que Mario Draghi está -al contrario de lo que el BCE hizo en el 2008 cuando sólo actuó cuando ya estábamos en plena crisis- dispuesto a actuar previamente para evitar el riesgo de recesión. Es una señal mixta que los halcones del BCE -Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, y Klaas Knot, del banco central holandés, hasta ahora partidarios de la máxima ortodoxia- no se hayan opuesto a Draghi. Es positivo que se sumen a medidas de estímulo, pero es posible que sólo sea debido a una seria preocupación por la coyuntura alemana, el motor económico de la UE. Y que el mandato de Draghi acabe en octubre abre una poco oportuna incógnita. La negociación de un sustituto, inmediatamente después de las elecciones europeas de mayo, puede complicarse y generar incertidumbre sobre la futura actitud del BCE.

Y hay más dudas. Las medidas de estímulo no han sido bien acogidas en los mercados de renta variable, que han valorado negativamente tanto la necesidad de tomarlas -que hay riesgos- como la disminución de beneficios que generará en la banca la larga etapa de bajos tipos de interés.

Por otra parte, el BCE no es omnipotente. Está bien mantener muy bajos los tipos de interés y dar liquidez a la banca para aumentar el crédito. Pero si la demanda falla porque las empresas solicitan menos créditos por la incertidumbre la medida puede perder eficacia.

Algunos analistas señalan que, si la situación se complicara, la UE debería practicar también una política fiscal expansiva -bajando impuestos o aumentando el gasto público- para animar el consumo o la inversión en el caso de pérdida de impulso de la exportación. Pero en el actual marco europeo, eso no parece posible. Al menos con gran envergadura. En política monetaria el BCE decide una política monetaria para la moneda única. Pero en política fiscal hay 19 ministros de Hacienda de 19 estados con un porcentaje de deuda sobre el PIB muy diferente. Y los países más saneados -no siempre los más ricos- no tienen la suficiente confianza en las más endeudados para dar el paso a una unión de transferencias.

Atención pues no sólo a los resultados del 28 de abril sino también a lo próximos pasos de Draghi.

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