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Al margen

Benet, l'Horta y el niño de la portada azul

Recuerdo el primer libro escolar que tuve entre mis manos: 'Pau, un xiquet de l'Horta'. Tenía las tapas azules y a mi, simplemente, me embelesó. Calculo que sería el año 81 o 82 (si la memoria no me falla) y contaba la historia de un niño nacido y criado en la comarca de l'Horta Sud y de su familia. Llevaría un año en La Nostra Escola Comarcal de Picassent, donde mis padres me apuntaron por muchos motivos: su sistema pedagógico, su formato de cooperativa, los valores y la posibilidad de aprender, antes incluso de la Llei d'Ús i Ensenyament, todo en valenciano. Al llegar, con cuatro años, empecé a conocer la silueta de mi comarca por las poblaciones desde donde llegaban, cada día, mis amigos de clase en varios autobuses: Picanya, Beniparrell, Alaquàs Catarroja, Silla, Sedaví y hasta València capital, como la llamábamos nosotros. Lugares que parecían muy lejanos bajo la mirada infantil, unidas por carreteras de otras épocas, sobre puentes y barrancos, huertas y caminos rurales.

Tras situarme en su espacio geográfico aprendí que mi ciudad, Torrent, era la capital de l'Horta Sud y que, como ella, había otras capitales de otras comarcas y que juntas todas ellas formaban el territorio valenciano. Crecí y fui al instituto y, luego, a la universidad, a Barcelona. Pero la comarca siempre me acompañaba y al volver y empezar mi andadura en Levante-EMV en julio de 1999 (en breve hará ya 20 años) me 'adoptaron' en la sección de l'Horta donde descubrí que un sinfín de colectivos y personas trabajaban concienzudamente para, independientemente del color del partido político, mejorar la comarca y que ésta mantuviera siempre su nombre e identidad frente a la persistente amenaza del 'área metropolitana'. Todavía recuerdo una cena del Institut d'Estudis Comarcals de l'Horta Sud donde cenaban, codo con codo y en armonía, dirigentes del PSPV, PP, EU y Bloc. Y también recuerdo nombres de personas que nunca, nunca, han dejado de trabajar por una Horta Sud mejor, más vertebrada y con un sentido e identidad propias, ya fuera desde la enseñanza, la economía, la cultura, el voluntariado.... De todo esto me acordé ayer cuando me enteré, de golpe, que una de ellas nos había dejado. Era Benet Delcán, otro comarcalista de convicción. Como Pau y su portada azul. Como yo. Bon viatge!

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