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Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Política de privacidad

La penúltima aplicación viral “disfraza” de famoso. Supera a las que le convertían en el anciano que nadie será o en el bebé que nadie fue y muestra a quien la use (de acuerdo con el transformismo en boga) como si fuera su famoso favorito (en concordancia con la mitomanía del presente) poniendo su cara en el lugar de la original (un fake en plena moda de la falsificación) para que lo suba a las redes sociales en las que pesca aprobación (como población diana de la pandemia de narcisismo). Puro “Barrio Sésamo”: “bajar” la aplicación y “subir” el contenido. Fácil.

Todo es por nuestros datos, advierten. Esta vez la aplicación es china. La anterior rusa. Las estadounidenses se hacen virales con menos precauciones. Son gratis, pero en las de pago -incluso las de nuestros bancos- no permiten rechazar algunas condiciones y en otras piden más datos todavía, hasta la clave de la tarjeta de crédito. Se comprometen a tratar con discreción tu privacidad, pero ya hemos visto cómo lo incumplen o cómo les roban los datos. Después, piden perdón con más contrición que espíritu de enmienda.

Las religiones atesoran desde hace siglos inmensas bases de datos. Los mormones construyeron en Salt Lake City (Utah) la Biblioteca de Historia Familiar con certificados de los fallecidos antes de 1920 y volcaron en Internet los nombres de más de 3.000 millones de personas fallecidas para que cada quien busque su genealogía. Estamos locos con la privacidad de lo nuevo, pero la Iglesia católica no borra al apóstata: le pone una nota al margen. Los católicos practicantes se confiesan en la fe en el secreto y, gracias a eso, la Iglesia tiene la mayor base de datos de pecados de la Tierra, que marcan las tendencias políticas, económicas y bélicas.

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