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Celebrities

Nuestras celebridades también han sido afectadas por el anglicismo y han pasado a ser llamadas «celebrities», que queda mucho más esnob y parece darles mayor importancia. Pero no serían tan celebrities si a su vez no hubiesen contado con ese monstruo que aumenta, deforma y engaña llamado publicidad que, aunque lo parezca, no es patrimonio exclusivo de Mediaset y Atresmedia. Gracias a la exhaustiva publicidad, hasta nuestros políticos parecen más altos, más guapos, más buenos y tan generosos que nos van a llenar los buzones de panfletos electorales en no nada.

Claro que con anterioridad, nuestras celebrities de la política y la sociedad valenciana se reunieron en Morella en torno a la vicealcaldesa de València, Sandra Gómez, que contrajo matrimonio allí con Marc Bellvís, correligionario político, que es oriundo de aquella población al igual que Ximo Puig, que fue su alcalde y no faltó al evento. Al parecer, celebrities polícromas acudieron a la boda, como el alcalde Joan Ribó y otras altas personalidades. Sandra Gómez siempre se ha declarado amiga y defensora de los artistas valencianos, a quienes apoya cuando le es posible o le permiten hacerlo.

En el artisteo o mundo de los artistas, la publicidad es elemental, y no siempre concertada ni pagada, sino gratuita y obsesiva de determinados medios que elevan hasta el infinito las mediocridades hasta convertirlas en celebrities. Tenemos dos ejemplos claros, uno ya antiguo, Alejandro Sanz, y otro de rabiosa actualidad, Rosalía. Ambos con sus premios Grammy, pero cuya popularidad se debe en parte a la desmedida y agobiante difusión que se les ha dado, muy por encima de su valía, creando ídolos de barro.

De Alejandro Sánchez, apellido recortado por el cantante, se le recuerda en especial por un «corazón partío» hace años, y poco más que haya trascendido. Rosalía Vila, que sin duda es una cantante aceptable, se le ha elevado muy por encima de su valor real, hasta convertirla en «celebrity» muy bien pagada, tanto que incluso las entradas para verle adquieren precios astronómicos y cuestan de vender. Para acudir a sus conciertos, sus fans lo tienen «malamente».

Las celebrities de televisión también tienen sus días malos. Christian Galvez, eterno presentador de «Pasapalabra», ha visto como su programa ha sido retirado de pantalla por orden judicial, y ahora tendrá más tiempo para dedicarle a Almudena Cid, que es su mujer y se conocieron precisamente en televisión hace ya once años. Ex gimnasta rítmica, Almudena ha disputado cuatro finales olímpicas, mientras que para Gálvez es su primera final de programa y no muy olímpica. Se rumoreó algo sobre una presunta prótesis capilar de Christian, pero sin duda no va al mismo peluquero que el «celebrity» prófugo Carles Puigdemont.

Hay dos celebrities valencianos en televisión con D.O. Requena-Utiel. Uno, el requenense Pablo Motos, pequeño gran genio de la televisión, se da un baño de multitudes cada noche, de lunes a jueves, al aparecer en el plató tras la absurda coreografía efectista. Sus hormigas son el programa más visto cada día, según él mismo se preocupa de hacer saber con cierta egolatría, si bien puede presumir con justicia de ello. Y el utielano Máximo Huerta, tras su ministerio relámpago, se hace un hueco por la mañana en TVE, sin gran audiencia, pero con gran sueldazo como de auténtica «celebrity».

No hubo celebrities en la inauguración de la temporada del sexagenario teatro Flumen, porque no se inauguró en la fecha prevista. Las obras de remodelación del local no se finalizaron a tiempo y José Sáiz y demás se vieron obligados a aplazarlo hasta el próximo viernes, día 11, en el que la productora Estudio Enfocados presentará «Aquelarre en el 5º B», con texto de Guillermo O. Quero y dirección de María Gallardo. De los protagonistas, ni se sabe. No serán celebrities€

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