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Desinflamar: un verbo hueso

La cuestión catalana agrava el choque entre los dos grandes partidos españoles y dificulta la gobernabilidad de España. Pero el estallido catalán se produjo cuando el encontronazo entre el PSOE de Zapatero y el PP que acababa de perder las elecciones del 2004. La tradicional tensión entre ambos partidos se agudizó tras el atentado de Atocha y contribuyó mucho al choque sobre el Estatut del 2006 que acabó convirtiendo al independentismo a influyentes sectores del catalanismo.

El independentismo perjudica a España. Pero una anomalía española -la enemistad visceral e incluso enfermiza- entre PP y PSOE convirtió en imparable la desafección catalana. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Lo único cierto es que estamos donde estamos. Sin el voto de la independentista ERC a los presupuestos, la inestabilidad y otras y más tensas elecciones anticipadas pueden ser inevitables.

Pedro Sánchez, para lograr el apoyo de ERC y frenar el enervamiento del conflicto, aceptó la creación de una mesa de diálogo entre los dos gobiernos: el español y el catalán. Fue, y es, una apuesta con riesgos. Pero Sánchez ha hecho una visita con éxito a Barcelona, el president Torra -que encarna hoy el independentismo maximalista de Puigdemont- no tuvo fuerza moral para oponerse, y se acordó que la primera reunión de la mesa sería este mismo febrero. Pero pasaron los días y Torra retrasaba la cita exigiendo un mediador internacional. Quizás tampoco quería una foto de diálogo antes del mitin de Puigdemont el próximo sábado 29 en Perpignan, en la Cataluña norte.

Y Sánchez se descolgó «proponiendo» que la primera reunión se celebrara mañana lunes, 24. Torra calificó la propuesta de unilateral y la rechazó, pero ofreció (presionado por la opinión y la prensa catalana) otras fechas. Al final, la reunión será el próximo miércoles, 26. El diálogo ha dado un primer paso, pero con dos graves problemas. Uno, el recelo y el posible boicot encubierto del eje Puigdemont-Torra que -vivir para ver- se impone en la antigua convergencia. Dos, la oposición frontal del PP. Pablo Casado afirmó en el Congreso que no permitirá la renovación de relevantes órganos institucionales -CGPP, Tribunal Constitucional?- si no se rompe antes la todavía non nata mesa de diálogo. Este no es un boicot encubierto, es descarado.

Por eso la mesa de diálogo -aunque superase esenciales divergencias entre el PSOE y ERC- tiene un futuro muy incierto.

Además, la cuestión catalana divide ya seriamente a la derecha. Vox nació, al menos en parte, por la propaganda de Aznar y Cayetana Álvarez de Toledo de que Rajoy era un «blandengue». Y esta semana uno de los cuatro fiscales del Supremo, Javier Zaragoza, ha ridiculizado en El Mundo la famosa sentencia: «seamos sinceros y rigurosos, convertir una rebelión contra el orden constitucional en una sedición contra el orden público al socaire de una pretendida ensoñación -insólita licencia literaria- no parece la solución jurídicamente mas correcta».

¿ Marchena y los magistrados del Supremo, tan atacados en Cataluña, serían algo así como «tontos útiles» del separatismo? Luego afirma que la reforma del Código Penal que se plantea y que podría beneficiar a los presos sólo sería aceptable «por razones de interés general". ¿Acotar la crisis catalana -los presos tuvieron el respaldo del 47% de los votos- no es el interés general de España?

También la fiscalía de Cataluña se está oponiendo a que, al amparo del artículo 100.2 del reglamento penitenciario, cinco de los nueve condenados estén ya saliendo algunas horas de la cárcel. Para hacer voluntariado, trabajar o cuidar familiares. Es algo legal, pero los fiscales aducen que sólo «excepcional» y que no hay muestras de arrepentimiento. Si es legal, es legal y en los últimos años se han beneficiado unos 400 penados en Cataluña. Y está teniendo consecuencias positivas para desinflamar.

El trato a los presos -cuyo delito tiene motivaciones políticas- está fraccionando el mundo -más bien conservador- de la Justicia. ¿Juristas de la prensa derechista y muchos fiscales contra Marchena y los magistrados del Supremo -eso sí, a media voz- por no haber fijado que los condenados no tendrían beneficios penitenciarios hasta cumplir la mitad de la condena?

Desinflamar Cataluña -la nueva fiscal general del Estado es la primera que usó el verbo- no será nada fácil. La pregunta es si hay otra alternativa que no conduzca a un mayor enervamiento del conflicto. Las armas las carga el diablo. Ahora las armas son el continuo y visceral choque entre concepciones de lo que es una nación. En el mundo proliferan.

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