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Patología

Llevo años leyendo que la venta de lingotes de oro se ha disparado por la crisis. Por todas las crisis. Cada crisis, se dispara de nuevo porque se trata de un bien tangible o perceptible al tacto. El dinero se pasa la vida buscando refugios seguros porque en sí mismo es inestable. Un billete de 50 euros, en una devaluación, se transforma en uno de diez y te lleva a la ruina. Quien dice en una devaluación dice en una quiebra bancaria o en un corralito. El dinero es lo menos sólido que hay. Por eso la gente compra pisos también, porque existe la leyenda de que los pisos no bajan de precio excepto cuando usted o yo queremos vender el nuestro. El problema es que son okupables. Todo esto viene a significar que el dinero no es la riqueza, sino el trampolín para alcanzarla. La gente verdaderamente rica carece de liquidez porque la liquidez es un desastre: el agua se va por el desagüe como el dinero por las tuberías del encarecimiento de la vida.

La cuestión es dónde guardar el oro porque, así como los pisos son okupables, el oro es robable. Soy víctima de una patología sin nombre que consiste en que me preocupan más los problemas de los millonarios que los míos. Dándole vueltas al asunto, he entrado en Amazon y resulta que venden lingotes de oro que la gente utiliza como topes para las puertas. Tienen muy buen precio porque no son de verdad, pero dan el pego. Por menos de veinte euros, te los llevan a casa en 24 horas. Todo el mundo los conoce y a nadie se le ocurriría robarlos porque saben que son una baratija y pesan mucho. Mi propuesta consiste en utilizar los lingotes de verdad para ese humilde menester.

El mejor modo de esconder algo es colocarlo a la vista como el mejor modo de mentir es decir la verdad. Lo descubrió Edgar Allan Poe en un cuento célebre titulado La carta robada, muy estudiado por los psicoanalistas. Otra inversión excelente para los tiempos que corren es la lejía. Desde el comienzo de la pandemia su demanda ha crecido de forma exponencial. Se puede acumular en garrafas de color amarillo que sirven asimismo para sujetar las puertas. Y el cloro no tiene fecha de caducidad.

Cuanto menos dinero tengo, más me preocupa cómo conservarlo.

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