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El Covid-19 no se ha llevado por delante sólo nuestra vida común tal y como la conocíamos antes y nuestros hábitos sino, de paso, buena parte de las famas que se daban por demostradas. Entre ellas, la de la superioridad en eficacia y gestión de Cataluña. Ha bastado que el final del estado de alarma devolviese las competencias de salud a las comunidades para que la Generalitat, con el señor Torra al frente, haya dado muestra sobrada de hasta dónde llega el alcance de sus incompetencias. Son tantas éstas que un municipio de la comarca de Segrià ha decidido emprender por su cuenta la lucha contra la expansión del virus creando su propio cuerpo de rastreadores de infectados. Lo formarán diez personas, una cifra que multiplica por 66 el número de quienes rastrean la enfermedad siguiendo el sistema que la Generalitat ha dado por bueno externalizándolo, encima, a la empresa Ferrovial -domiciliada en Madrid, por cierto-.

Al equipo de rastreo de Segrià se le une otro encargado más, salido de las filas de los temporeros que trabajan en la recogida de frutas y verduras y cuyo cometido es el de informar a ese colectivo acerca de las medidas de seguridad y control a tomar. El municipio ha puesto su sistema de detección de infectados a disposición del Departamento de salud de la Generalitat pero éste, de momento, no se ha dignado a contestar. A quien sí que ha respondido el Govern que administra (¿) Cataluña es al delegado del Gobierno cuando éste ha ofrecido ayuda para contener la proliferación de contagios. Le ha dicho que no hace falta porque pueden afrontar el rebrote de la pandemia con sus propios recursos.

Habrá, pues, que reformular los mantras. Los de "España nos roba" y "Madrid nos contagia" se han quedado un pelín desfasados con los acontecimientos últimos, incluido el viacrucis de la familia Pujol por los juzgados. "Madrid quiere ayudarnos pero no les dejamos" es, por motivos obvios, poco conveniente. Así que habrá que tirar de la imaginación, aptitud que no ha quedado aún en entredicho dentro del soberanismo -es más, ha demostrado disponer de mucha- para encontrar el nuevo mensaje. A lo mejor el ejemplo de Segrià sirve para dar con uno bien contundente. Aunque haya que inspirarse en un barrio, Vallecas, que pertenece, ¡ay!, a Madrid.

En los momentos peores de la pandemia inicial del Covid-19, unos vecinos colgaron de la fachada del hospital Infanta Leonor de Vallecas -uno de los dos en la capital de España que sólo trataban a los infectados por el virus- una pancarta con el lema del equipo de fútbol local, el Rayo Vallecano: "Sólo el pueblo salva al pueblo".

Va a ser verdad. En Vallecas, en Segrià y en todas partes. Sólo el pueblo pone lo que hay que poner cuando las autoridades andan entretenidas en otras cosas.

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