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Alfons Garcia

Aire, por favor

El virus se agrava en Pinós y Carlet

Cuando la tarde se tuerce, de los pocos remedios paliativos que encuentro es coger la puerta y respirar. Aire. La puesta de sol reconcilia con la vida incluso en un polígono del extrarradio. El espectáculo del atardecer resiste entre antenas de telecomunicación y tejados de acero. La luna de día, una pareja que se adentra con su perro en el erial de asfalto y hierro, un par de deportistas vespertinos... La vida no está tan lejos.

Otra vida brota del monitor. El peligro es confundir una con otra. Gráficos, cortes de voz, comunicados, vídeos y webs componen una sinfonía contemporánea alejada de toda melodía. La batalla diaria es encontrar algún hilo entre todos esos materiales tortuosos. Incluso llegan con ‘playback’.

Lo peor no es el ridículo del concejal. El ridículo es siempre una cuestión personal y tengo para mí que Carlos Galiana lo asimila bastante mejor que la media de mortales. Lo peor es el entorno. La defensa encarnizada de lo que cuesta defender. Dicen que lo sucedido no es tan importante con todo lo que está pasando. No deja de ser verdad. A medias. Como casi todo en este tiempo. Y siempre. Lo peor es la certeza de que la actitud sería contraria si el ridículo fuera del de enfrente. Lo hemos visto. Un ridículo similar hizo el diputado J. J. Zaplana (el otro Z.). Vio un cartel de protesta de unos sanitarios en un «centro de salud Alicante» y exhibió presto el trofeo en las Corts. Sin pararse a comprobar que era el ambulatorio de la calle Alicante en Fuenlabrada. Le pudo la sed de sangre. ¿Qué dijeron los de su bancada, la de la derecha? Comprensión. Las risas, en la sombra. ¿Qué dijeron los de enfrente? Lo ridiculizaron. Tal cual pero al revés que con el concejal valenciano de la izquierda. Cuando el interés de grupo prevalece sobre la integridad moral, la política huele mal. Y hace tiempo que estamos inmersos en esta dinámica tóxica.

En ese ambiente tenemos delante la supernova de las crisis, pero la mayoría se dedica a poner palos en las ruedas de los entendimientos. En ese ambiente ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo para salvar vidas en Madrid, una vez que se ha convertido en paradigma europeo de gestión nefasta. Y de nuevo, el silencio de quienes en la derecha la ponían como ejemplo hace dos cafés. Unos callan. Otros azotan. Ahora es de este lado. Mañana será del revés. Como azotan al Gobierno progresista por apartar al rey del solemne acto judicial. La monarquía o la nada, dicen unos. Y los otros responden con la melodía de la República utópica. Todo sucede en el mismo país que saca a un presidente autonómico de su puesto por no retirar una pancarta que contenía una idea política, no injuria alguna. Que pague por desobediente, como cualquiera, pero el pago parece exagerado para un país que dejó atrás el siglo XIX hace bastante. ¿Quién se pone de acuerdo con esta atmósfera en este país?

El sol aún no se ha ido. Debería coger la puerta otra vez. Aire, por favor.

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