Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Alfons Garcia

Desánimo

Desánimo. Porque pareció que todo empezaba a superarse, que volvía cierta vida, con limitaciones, pero parecida a la de antes de marzo, y la realidad hoy en gran parte de España y Europa es que las cifras son peores que las de los meses de marzo y abril, cuando se adoptaron medidas drásticas.

Desánimo. Porque empieza a cuajar un espíritu de derrota. La fractura social es un riesgo cada vez más acentuado, con grupos que niegan la autoridad de las instituciones y son reacios a asumir unas mínimas normas. Desánimo. Por el uso político en España de las cifras y de la situación de la enfermedad para desgastar a un Gobierno débil. Y porque todo al final se enmaraña en una red de mandobles dialécticos de ida y vuelta. Como si la verdad y la razón se hubieran ido por el sumidero de la indecencia. Desánimo. Porque en la calle se ha calentado un caldo de desesperanza y descrédito de cualquier solución colectiva.

Desánimo. Porque la extrema derecha ha olido sangre y llega ya a la amenaza por cauces oficiales. Parece increíble, pero es real. Esto es España y es 2020. Primer aviso, han dicho. El líder de Vox en Valencia se indigna cuando etiquetamos a los suyos de ultraderecha. Pero cómo llamar a quienes jalean oficialmente actos vandálicos y utilizan estos para amenazar al Gobierno. Primer aviso. ¿Cuál será el segundo? O se deroga la ley de Memoria Histórica o… Primer aviso. No es el primero realmente, llevan tiempo avisando. Los demás (al menos, yo) seguimos sin saber cómo actuar frente a ellos. Esta es la primera amenaza oficial por escrito. Y es por el pasado reciente, los años 30 del siglo pasado, esa década que concentra casi todas nuestras esencias y pecados. Es la evidencia científica de que la página no se cerró, se juntó la puerta para no ver lo que había al otro lado. Quieren un discurso que nivele. Largo Caballero e Indalecio Prieto, políticos y parte de un Gobierno formal y legal, serían tan culpables como los militares que se levantaron con las armas contra el poder público y nos legaron una dictadura salvadora de 40 años. Ese es su relato, que limpia el levantamiento militar y la posterior represión al equiparar.

Desánimo, porque se sienten emocionalmente vinculados con ese pasado impuro. Es la marca española de la derecha. Desánimo, porque no ha habido un aislamiento político. No gustan, mejor no estar cerca de ellos, pero se alían con ellos. Y se alían porque saben que el pensamiento en la calle entre sus gentes y las de Vox no es tan lejano.

Desánimo, porque lo que digan y hagan importa menos de lo que hagamos los demás, pero no sabemos cómo actuar. Cada día surge en las redacciones la pregunta de qué hacer con la última de Vox. ¿Es noticia? ¿Le damos voz? No tengo una respuesta firme y que sirva siempre. Solo no amplificar sus venturas y sí denunciar, levantar la voz. Pero no siempre es fácil. Desánimo, por eso. Me anima abrir la ventana, ver el mar y entender que el mundo es mucho más ancho que el espacio en que los extremistas quieren jugar la partida.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats