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María Domínguez

Nos vemos en Roma

Ayer por la tarde volví a verlo y, de nuevo, me estremecí. No quería encontrármelo, pero allí estaba, justo en frente de mí. Parecía ausente, como si ya no fuera de este mundo... Cogí fuerzas, respiré profundo y le dediqué unos instantes. Mientras me iba alejando de él, me atormentaba la idea de estar algún día en su lugar y, sin embargo, de lo único que estoy segura, es que ese día llegará y allí estaré yo: inerte, con las manos cruzadas, callada, tranquila, vagando por no sé dónde...

Siempre que veo un féretro, me pregunto si me incinerarán, si la gente llorará con mi pérdida, si crecerán amapolas sobre mi tumba... Me pregunto que por qué vivimos sin ser conscientes de que todos los caminos llevan al mismo lugar. Da lo mismo si te pasas el trayecto corriendo, agobiado, estresado, tranquilo o ilusionado, el caso es que Roma nos espera. Sí, amigo. A ti, también. A veces es necesario pararse y pensar en esto. Es como si el tema lo dejáramos siempre en manos de Íker Jiménez, pobre hombre, como que no tuviera ya bastante él con su viaje a Roma. Si estás leyendo esto ahora es porque aún te queda camino, poco o mucho, pero te queda y sólo tú estás al volante para tomar bien las curvas. Llena el equipaje de sueños, propósitos, ilusión, armonía, sentimientos, paisajes, luz, gestos, canciones... Que cuando llegues a Roma y te alcen en hombros, puedan decir algo más que la típica frase "fue una buena persona". Haz de tu vida el poema más hermoso. Haz sentir, a los que aún no han finalizado su viaje, que la vida merece la pena. Tal vez no tengas una calle con tu nombre (que en los tiempos que corren, casi mejor, las andan cambiando cada poco), pero tendrás el mayor tesoro: el recuerdo de una llamada telefónica, un puñado de risas, lo que pudo ser y no fue, el verano del 96, la palabra que la tía Marce necesitaba, la libertad que regalan los sueños, el orgullo de haber hecho tu trabajo con entrega y cariño... No existen los atajos, hay lobos en cada sendero. Mi consejo: intenta esquivarlos. ¡Nos vemos en Roma! Tengo entendido que todos los caminos llevan allí...

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