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MARÍA JOSÉ IGLESIAS

La magnolia de Misisipi, símbolo de unión en medio de la lucha encarnizada

   Los americanos votaron el martes para elegir al presidente federal, también para renovar parte del Congreso e introducir numerosos cambios en la vida diaria del país más diverso y a la vez, más cohesionado del planeta. La batalla encarnizada por el poder, un espectáculo mediático alentado desde ambos bandos, con especial mención a los pésimos modos de Trump, y los suyos, merece ser obviada por un momento para hablar de la hospitalaria magnolia que a partir de ahora presidirá la bandera de Misisipi.

El estado sureño confirmó en las urnas el abandono de la cruz confederada que ondeo 126 años en la enseña y que tanta polémica suscitó en los últimos meses. En 2001 los habitantes de Misisipi ya fueron consultados sobre un cambio de insignia que rechazaron de manera rotunda. Esta vez no ha sido así. Entre los votantes de mayoría negra ha pesado las movilizaciones de Black Lives matter por la muerte de George Floyd asfixiado por un policía blanco. El emblema confederado pasa a mejor vida y la flor oficial del Estado -cada uno tiene la suya- se alza en la bandera como símbolo de reconciliación racial, precisamente ahora que los disturbios y las protestas tensionan las calles de numerosas ciudades. La magnolia, que también es la flor de Louisiana, florece en primavera y es tan bella como frágil. Así parece encontrarse ahora la democracia americana, la misma que describió Tocqueville de manera magistral, entre asombrado e incrédulo. El resto del mundo asiste al espectáculo grotesco entre candidatos con inquietud y preocupación. Las magnolias apenas sobreviven minutos cuando se las arranca de las ramas, en cambio se mantienen vigorosas en su hábitat natural. Los americanos buscan ahora recomponer el suyo.

 En Florida se aprobó un nuevo salario mínimo que pasa de 10 a 15 dólares a la hora. En Nueva Jersey quedó refrendada la enmienda sobre la legalización de la marihuana recreativa. El cultivo la posesión, la venta al por menor y el consumo de esta sustancia estarán ahora permitidos para los mayores de 21 años. En Delaware, el feudo de Biden, Sarah McBride se convirtió en la primera senadora transgénero de la historia de Estados Unidos y en Georgia la republicana Marjorie Taylor Green conseguía un asiento en el congreso para el ultraderechista movimiento QAnon. La vida siempre lucha por abrirse paso en medio de la batalla. 

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