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Julio Monreal

Una pieza de caza mayor

Arturo León, secretario general del sindicato Comisiones Obreras del País Valencià

Arturo León, secretario general del sindicato Comisiones Obreras del País Valencià

Arturo León, secretario general del sindicato Comisiones Obreras del País Valencià, se ha visto abocado a presentar su dimisión por haber recibido la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus antes de incorporarse a su puesto de trabajo de enfermero en el servicio de riesgos laborales del Hospital General de Alicante. Su nombre figuraba en los listados del departamento de Sanidad para recibir la vacuna dentro del cupo de sanitarios, y su puesto convertía su trabajo en una tarea de riesgo, pero la sensibilidad social, la escasez de vacunas, el miedo a la enfermedad y los enemigos internos y externos que León ha cosechado durante su mandato al frente del principal sindicato de la Comunitat Valenciana no perdonan.

Podría decirse que Arturo León, lejos de ser un aprovechado, ha pecado de pardillo. Dentro y fuera de su organización, todos sabían que había pedido la reincorporación parcial a su puesto de trabajo, para reforzar el servicio de riesgos laborales los viernes acudiendo a la llamada de la Conselleria de Sanidad y a la voluntad de los sindicatos de que los llamados liberados de las organizaciones echaran una mano en la lucha contra la pandemia. Estaba en la lista, le llamaron para vacunarse, trabaja desde el viernes pasado en el hospital alicantino donde tiene la plaza, pero podía haber previsto que su vacunación sería interpretada como un salto de turno y aprovechada por los diferentes interesados en apartarle de la escena. Su caso no es, desde luego, comparable a los de los alcaldes que pusieron su hombro sin figurar su nombre en ningún protocolo, ni tampoco a los de obispos inmunizados en circunstancias completamente irregulares, ni mucho menos al del fiscal jefe provincial de Castelló, presuntamente vacunado con un vial desaparecido del ambulatorio en el que su esposa es coordinadora, según está investigando la Conselleria de Sanidad. León pudo haber dicho que no se vacunaba, o haber recibido la inyección después, y no antes, de reincorporarse a su puesto, pero creyó que su inyección no tendría consecuencias y ahora, «para no dañar la imagen del sindicato», sale de la primera fila de la escena social a la que accedió al ganar la secretaría general de CC OO-PV en el congreso de 2017.

León paga con exceso su confianza en que no estaba haciendo nada incorrecto, que nadie iba a hacer causa de que su nombre figurara entre los vacunables de la primera línea. Ha pasado por alto, ha infravalorado, la inquina que en determinados espacios generan los sindicalistas, los liberados sindicales, los que ganan de manera ajustada su congreso, los que se mantienen al frente de organizaciones democráticas gracias a equilibrios a veces inverosímiles y, finalmente, los líderes que participan y suscriben el llamado diálogo social entre empresarios, representantes de los trabajadores y administración autonómica, en un modelo de debate y acuerdo que ha sido propuesto como ejemplo para toda España, tanto antes de la pandemia como durante la propagación del coronavirus.

La lista de desafectos era larga. Empezó a componerse en abril de 2017, cuando León se convirtió en el inesperado líder autonómico de CC OO, al ganar la secretaría general con el apoyo del 55,5 % de los delegados frente al otro aspirante, Jaume Mayor, tras la retirada del secretario general saliente, Paco Molina. Comisiones Obreras es un sindicato muy diverso, que incluye sensibilidades políticas alineadas con Esquerra Unida, Podemos, Compromís y otras formaciones situadas más a la izquierda. No es homogénea, como UGT. Y no todos han estado siempre de acuerdo con la línea de trabajo de la dirección, que convocaba en 2017 manifestaciones junto a la patronal CEV en demanda de una financiación autonómica justa para la Comunitat Valenciana, la bandera que entonces enarbolaba el presidente Ximo Puig. En algún momento concreto, León abandonó la mesa de diálogo social, aunque fuera por unas horas, atendiendo a presiones de su organización, donde algunos consideraban que se entregaba demasiado al acuerdo con las otras partes.

Sin embargo, la aportación de Arturo León y su directiva al diálogo social ha sido positiva y decisiva. En la crisis más difícil desde la Guerra Civil, su sindicato ha sabido estar, reivindicar, defender y finalmente pactar 208 medidas de lucha contra la pandemia y sus efectos económicos y sociales en un ejercicio de responsabilidad que ha sido ampliamente alabado. La mesa que ha compartido con su homólogo en UGT, Ismael Sáez; el presidente de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana, Salvador Navarro; y la directora general de Diálogo Social de la Generalitat, Zulima Pérez Seguí, ha logrado sólidos y útiles acuerdos que se han complementado con los alcanzados entre los partidos políticos representados en las Corts Valencianes y los institucionales firmados entre Generalitat, diputaciones y ayuntamientos.

Como nunca llueve a gusto de todos, la fluidez del diálogo social valenciano despertó en su inicio recelos y hasta hostilidades en las filas del Partido Popular de Isabel Bonig, donde en 2017 se morían de la rabia por ver a los empresarios protestando en las calles junto a los sindicatos y los gobernantes del PSPV-PSOE y Compromís contra el presidente Mariano Rajoy por bloquear la reforma de la financiación autonómica que discrimina a la Comunitat Valenciana. Los líderes del partido de la gaviota estaban acostumbrados a otra cosa, a ver a los empresarios en las primeras filas de sus convocatorias públicas y sus mítines electorales jaleando a Zaplana, Olivas, Camps o Fabra.

Tampoco han despertado una emoción sincera en la cúpula de Compromís el desarrollo y el fruto del diálogo social, una apuesta del presidente Puig, que es quien obtendría la visibilidad y el rédito de sus éxitos, generalmente por incomparecencia del socio, el partido de la sonrisa naranja.

Como en ‘Asesinato en el Orient Express’, había cola para apuñalar en sentido figurado a Arturo León. Su nombre en una lista de vacunables era demasiado goloso y alguien no se ha resistido a la tentación. Los demás no han tenido más que empujar un poco. La marcha del líder sindical debilita, ojalá que temporalmente, el diálogo social valenciano, pero es seguro que Comisiones Obreras encontrará un reemplazo de garantía que, como León, sea capaz de alcanzar acuerdos positivos para los valencianos sin renunciar a los principios del sindicato.

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