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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

No es tiempo de guerrillas

No es tiempo de guerrillas

No es tiempo de guerrillas

En los senderos peligrosos de montaña pisar firme es la mejor manera de evitar precipitarse por la ladera. Cambiar el paso y buscar apoyos hace más inseguro el camino. Estos tiempos son de sendas endiabladas. Cuando un meteorito ha cambiado nuestros destinos, lo más seguro es caminar sin miedo al vacío.

La vida (y la muerte) son negocio. Y la vacuna no iba a ser menos. BioNTech y Moderna, por citar los primeros laboratorios en producir la sustancia más deseada, sumarán este año unos ingresos que ni soñaban hace doce meses. Pasarán de una previsión de números rojos en 2020 a beneficios de miles de millones. Por supuesto, su valor se ha disparado en Bolsa. Tanto estas como AstraZeneca y Janssen han hecho un esfuerzo en investigación encomiable, pero también se han beneficiado del apoyo económico de los gobiernos. Ha sido un hito tener una vacuna en meses. Pero el logro queda empañado por retrasos en las entregas y el incumplimiento de los compromisos adquiridos. Se han impuesto otros más ventajosos, porque todo es negocio, por mucho que algunas de estas farmacéuticas han sostenido que no actuarían con ánimo de lucro. ¿Se puede hacer algo? La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha de decidir en poco si libera las patentes, como piden India y Sudáfrica. Existe una campaña internacional de apoyo, pero los grandes gobiernos se resisten a respaldar la medida. Aunque ello suponga que el virus esté más tiempo sin solución, porque si la inmunización no llega a todas las zonas, incluidas las pobres, quedará un reservorio donde mutar y desarrollarse. El Gobierno de España, claramente de izquierdas, aún no se ha pronunciado sobre la OMC y las patentes. La vida es negocio e interés, comercio. También solidaridad, sí, pero sin perder de vista que es negocio.

La escasez crea tensión. Por eso, el escándalo que provoca en la calle quienes se han vacunado antes de hora. Por eso, la expectación ahora ante las inoculaciones masivas. Si han visto Contagio, esa precuela cinematográfica de nuestros días, recordarán los asaltos para conseguir una inyección.

La Comunitat Valenciana está administrando las dosis que le llegan. Los porcentajes de inyección son altos, según la estadística comparada. No hay viales acumulados en los almacenes. Lo que llega se pone pronto. El problema es que llega menos de lo que gustaría. Y el problema son los mensajes contradictorios: el plan depende de Salud Pública o del gabinete de la conselleria en función de si es para bien o para mal. Detrás está la guerrilla política de los últimos tiempos: un mestizaje que no es trabajo compartido, sino reparto de culpas. A estas alturas, después de los casos de vacunaciones indebidas, se puede afirmar que faltaron instrucciones precisas, sin margen para la vacilación, para las dosis sobrantes, que resultaron un inesperado volumen amplio. Había indicaciones, pero demasiado genéricas. Hasta el 20 de enero no hubo un protocolo detallado y estricto. Tarde ya para detener una polémica que ha surgido incluso para cesar. La destituida (responsable de Salud Pública del área de València) dice que anunció a la directora que dimitía, pero el escrito no llegó hasta el día siguiente al gabinete de la consellera (a las 12.29 horas), que alega que tampoco recibió información oral alguna. Faltan datos más precisos en un asunto demasiado importante. Es complejo, es verdad, y por eso falta sobre todo solidaridad política. No es tiempo de guerrillas, de caminar inseguros al borde del precipicio.

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