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Isabel Olmos

Enric Valor y la terrible amenaza dels 'queixalets'

Podrán dejar sin calle al escritor de Castalla pero su legado es incuestionable

Enric Valor en una imagen de archivo.

Enric Valor en una imagen de archivo.

La primera vez que leí a Enric Valor fue para adentrarme, aterrada, en la historia ‘I els queixalets també!’. Con mis miedos infantiles sufrí lo indecible en aquel llavador frío y oscuro pero he de confesar que, ya adulta, lo releí hace poco y volví a sentir esa necesidad de girarme sobre mis hombros de vez en cuando para constatar que, efectivamente, al fondo del pasillo oscuro de mi casa no había nada ni nadie. Fortaleny, la Penya Roja, Bèlgida, Petrer, Cocentaina, Alcalà de la Jovada, Sagunt se convertían entre mis manos en escenarios de llenyaters, patges, velletes, reis, dimonis y gegants que me hablaban de historias increíbles, siempre frontera entre varios mundos, donde lo supersticioso se mestizaba con la realidad de pueblos y comarcas valencianas.

Ésa es la magia de la literatura y la magia de Enric Valor fue convertir en emociones letras que antes fueron sonidos, voces, relatos contados de boca en boca durante generaciones y generaciones en un valencià que es un milagro que haya sobrevivido con tantos siglos, recursos y energías destinadas por tantos, obsesivamente para que esto no ocurriera. Cada palabra, cada letra, que un hombre y una mujer han escrito, cantado o expresado por recuperar la memoria del pueblo valenciano otros lo han vivido como una atroz amenaza.

Y para muestra un botón. Esta misma semana hemos visto como el Ayuntamiento de Mutxamel -gobernado por PP y Cs y con el apoyo de Vox- ha aprobado una moción para convertir la calle de Enric Valor en Avenida de España. De calle a avenida - primer gesto- y el concepto España como oposición a Valor y, por tanto, a una lengua, una historia y un pueblo. En realidad son tantos odios juntos -con su voluntad de confrontación, de separación y de exclusión- que cuesta digerirlos y se quedan atravesados en la garganta. Quizás es que, como Ovidi Montllor, ‘hi ha gent a qui no li agrada que es parle, s’escriga o es pense en valencià. És la mateixa gent a qui no li agrada que es parle, s’escriga o es pense’. En general.

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