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Juan José Millás.

TIERRA DE NADIE

Juanjo Millás

Un Camel clandestino

Cada día aumentan las cosas que hago sin darme cuenta. Atravieso la existencia como atraviesa un buque un banco de niebla de guisantes: completamente a ciegas

Camel

Flotan en el aire nubes impalpables de microplásticos. No se ven, ni se huelen, pero se respiran, o se microrrespiran. Creíamos que purificaríamos la atmósfera quitándole los alquitranes del tabaco y comprando coches eléctricos, pero darse un paseo por la calle principal de una gran ciudad es más peligroso que fumarse un paquete diario de Marlboro. O de Camel. Estas eran mis dos marcas favoritas cuando permanecía enganchado al vicio. El Camel era para las convalecencias. Después de abstenerme durante siete días por una faringitis de caballo, compensaba la pérdida con el Camel porque era el más aromático, y quizá el más peligroso, de los cigarrillos. Una vez restituido el nivel normal de venenos en sangre, regresaba al Marlboro, que era un cigarrillo pequeñoburgués que se adecuaba al resto de mis hábitos.

Ya hace tiempo que no fumo o que lo hago a escondidas, que viene a ser lo mismo. A escondidas de mí, quiero decir. Me fumo de vez en cuando un cigarrillo como el que respira unos miligramos de microplásticos de camino al súper o a la iglesia. Sin enterarme, o sea. A veces, mi mujer me lo dice:

-Hueles a tabaco, has fumado.

-Pues no me he dado ni cuenta -digo yo.

Y la verdad es que no miento. Cada día aumentan las cosas que hago sin darme cuenta. Atravieso la existencia como atraviesa un buque un banco de niebla de guisantes: completamente a ciegas. Sé que me encuentro en el interior de la existencia, en su núcleo, en su tuétano, si a ustedes les gusta más el tuétano que el núcleo, pero no soy consciente de ello.

En absoluto. No soy consciente de ello en absoluto.

Mi psicoanalista tiene la ventana abierta para que la consulta esté ventilada, por los virus.

- ¿Ha pensado usted en la cantidad de microplásticos que vienen de la calle?

- ¿Microplásticos? -dice ella.

-Son más sutiles que la nicotina -le explico-, pero van plastificando poco a poco los pulmones.

Mi psicoanalista fuma. Ella no sabe que yo lo sé, pero detecto a una fumadora a diez kilómetros.

Ya en casa, por la noche, enciendo, sin darme cuenta, un Camel clandestino en el cuarto de baño.

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