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Joan Carles Martí

Valencianeando

Joan Carles Martí

Los Juegos Olímpicos del diseño

La presentación de los primeros actos de la Capitalidad Mundial del Diseño deja sin aclarar como se pretende implicar a la ciudad

La fotografía de JM López recoge el inicio de la presentación de València Capital Mundial del Diseño 2020 en el edificio Veles e Vents el pasado miércoles.

Me gusta el Veles e Vents. El edificio de David Chipperfield es el faro de la València del siglo XXI. La fortaleza de nuestra época. Lo he frecuentado desde su inauguración cuando la Copa del América y la panorámica desde lo alto distingue la mejor imagen de entrada al Cap i Casal. El arquitecto británico es una eminencia con los pies en la tierra y cerca del mar, justo donde las civilizaciones adquieren tal condición. Hay que acercarse a la atalaya de La Marina porque allí siempre pasan cosas. Fue en esa fábrica de versos donde se subió el telón de la actividad para la Capitalidad Mundial del Diseño, un acontecimiento que tiene la misma buena pinta de ser considerado elitista, como aquellas regatas. Lo sustancial es lo que queda después, y aquella carrera de veleros nos legó la definitiva cara al mar. Confiemos en que los programadores de los actos de la Capital del Diseño piensen más en la ciudadanía que en ellos para que no vuelva ese retintín de «¿trabajas o diseñas?» de los ochenta.

Olimpiadas del diseño.

Esa capitalidad mundial está planteada como una especie de Juegos Olímpicos del Diseño. Nada que objetar. También el sector dispone de muchas disciplinas y participantes diversos. Pero ojo, en la cita olímpica después de unos días donde nos hacen creer que es más importante participar que ganar, llega lo más esperado: las finales de atletismo, baloncesto, balonmano, natación y tenis, que suponen el éxtasis de la recompensa al esfuerzo. Me temo que los organizadores se han salido del patrón clásico de introducción, nudo y desenlace. La presentación de las líneas básicas de la programación fue un ejercicio de sanas intenciones. Seguro que la gran exposición sobre diseño y salud del arquitecto y divulgador del diseño Ramón Úbeda será fantástica, pero me gustaría saber si además van a venir a València los mejores diseñadores del mundo. Hablo, además de Chipperfield, de Jean Nouvel, Norman Foster, Frank Gehry, o Richard Meier. Si veremos a Oscar Mariné, Barbara Kruger, Alex Trochut o Jessica Walsh. Porque si vamos a acoger el equivalente a los Juegos Olímpicos del Diseño, uno espera contar con los mejores. El protocolo con la reunión de alcaldes de todas las Capitales Mundiales del Diseño es obligatorio -también se invita a todos los alcaldes olímpicos-, por eso el primer avance organizativo decepcionó. Necesitamos conocer quienes van a poner su conocimiento al servicio de la modernidad sostenible.

Oportunidad.

Ya sé que el objetivo de la Capitalidad pretende más activar un proceso que celebrar un evento, un argumento excelente como filosofía del diseño, pero que queda muy lejos de la imprescindible implicación ciudadana. Hay que pensar en la innovación, junto a la tradición y la memoria, para que València se signifique como una ciudad distinta. Porque el auge de la especulación está provocando la desaparición del urbanismo, y la función del diseño debe ser retornar al acuerdo sensato de la belleza, que nos aleje del precipicio y nos acerque a lo que representa el Veles e Vents.

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