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Desirée González-Concepción

Dejar ir

Decía Siddharta Gautama “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”… Muchos siglos después de que Buda enunciara esta frase, seguimos sufriendo, alimentamos nuestro dolor con pensamientos y situaciones que se mantienen en el tiempo y de los que, muchas veces, somos incapaces de deshacernos. Según los científicos nuestro cerebro alberga la friolera de 60.000 pensamientos diarios, la mayoría de ellos, recurrentes, negativos o del pasado. Estos pensamientos “densos” repercuten directamente en nuestra salud, restándonos energía vital y sumergiéndonos en un estado victimista y depresivo. Según la ley de atracción, atraemos aquello en lo que pensamos constantemente, por lo tanto, una buena higiene mental y una actitud positiva ante la vida resultan esencial para recuperar nuestra fortaleza interna.

David R. Hawkins (1927-2012), fue un médico, filósofo y conferenciante estadounidense. Basándose en su experiencia personal como psiquiatra durante más de 40 años concluye en su libro “Dejar ir” que la forma más eficaz para liberarnos de todo sufrimiento es precisamente mediante los recursos del perdón y del dejar ir. Su obra resulta un manual de vida que nos lleva de la mano por un viaje apasionante hacia la liberación. Desde la culpa y la apatía hasta alcanzar la alegría y la paz, el autor recorre magistralmente una escala de emociones correspondientes a los distintos niveles de conciencia. Hawkins insiste una y otra vez en que la base psicológica de todo sufrimiento es el apego. Ese apego que conlleva de forma implícita un temor constante a la pérdida y merma paulatinamente nuestra autoestima. Esta dependencia se produce siempre que nos sentimos incompletos y poco abundantes. Entonces buscamos fuera objetos, ocupaciones, personas, relaciones, viajes,… para suplir ese intenso vacío. Pero el vacío solo se satisface de forma temporal, pronto sentimos de nuevo el impulso y las ansias de conseguir “algo más” para calmar ese desasosiego, para sentir algo más de paz… Hawkins, define justamente la paz como el mayor nivel de energía; la perfección, la fluidez, la felicidad.

En España proliferan cada año las terapias alternativas; una indagación constante de millones de personas para alcanzar momentos de felicidad: yoga, meditación, pilates, Mindfulness, fitoterapia, acupuntura, reiki, siathsu, bioneuroemoción, cursos de autoconocimiento, …Todas ellas nos invitan a mirar adentro, a encontrar las causas de nuestro malestar y a empoderarnos. Sin embargo, aunque muy potentes algunas, de poco nos servirán todas estas herramientas si no somos capaces de aceptar lo que nos ocurre. Solo aceptando podremos liberar la energía que atrapa la emoción en cuestión y podremos “soltar”. Hablaríamos ya de un enorme acto de revelación si consiguiéramos desprendernos de nuestras mochilas emocionales repletas de ansiolíticos y antidepresivos y acogiéramos de forma natural esos nuevos medicamentos de probada eficacia: la aceptación y el desapego. Sin embargo, en la sociedad actual, vivimos en constante lucha contra lo que nos ocurre. Según Carl Jung “todo lo que resistes, persiste”; es habitual que nos encontremos aferrados a un pensamiento, a un objeto, a una persona… La persona que se siente carente, suele mostrar apego ante todas las dimensiones de su vida, sobre todo en lo referente a lo material…

Después de leer la Magia del orden, tuve la oportunidad de ver algún documental donde la autora japonesa, Marie Kondo, se ponía en acción. Su empresa colabora para que los hogares de los ciudadanos se conviertan en espacios minimalistas y fuentes de serenidad. La parte más compleja de su trabajo llega en el momento donde la gente debe decidir si desea conservar o deshacerse de aquello que no es útil o no les hace feliz. Sin duda una reflexión muy interesante. Desde un sentimiento de carencia, acumulamos mucho más de lo que necesitamos y seremos capaces de utilizar en toda nuestra vida. Pero con un empujoncito, sobre todo de una experta, somos capaces de comprender que aquella camisa o zapato ya no nos vale, no solemos elegirlo y por tanto ya cumplió su función…toca despedida. Sin embargo, este pensamiento tan liberador normalmente cuesta extrapolarlo al ámbito personal. No pretendo que suene superficial, pero con las personas deberíamos hacernos la misma pregunta; ¿me sigue aportando? ¿me siento bien en su presencia? …si la respuesta es negativa, no esperemos a que llegue Marie Kondo y nos ayude a tomar la decisión de dejar ir a la persona en cuestión. Las relaciones cambian, las personas evolucionan y por lo tanto no debemos forzar los vínculos, no debemos quedar anclados en el pasado.

Únicamente adoptando una conciencia de suficiencia y plenitud, aprenderemos a ser libres para distinguir aquello que nos aparta de nuestro centro, aquello que debilita nuestro amor propio. Una vez identificada la causa real de nuestra incomodidad, resulta una opción de sabios saber decir adiós y despedirnos con gratitud por el aprendizaje adquirido.  

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