Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

La Iglesia, aún y aquí

Mónica Oltra y Antonio Cañizares

Mónica Oltra y Antonio Cañizares

España es hoy nueve indultos y poco más. Indultos, Ayuso y ya está. Cataluña, Madrid y cierren España. Medidas de gracia excepcionales no son la manera más edificante de hacer política, pero al menos suponen intentar hacer política, que ya es bastante en un asunto que lastra cualquier intento de avance en España desde hace demasiado. Como valencianos, la financiación autonómica o los cambios en el modelo territorial están condicionados a aclarar si Cataluña juega esos partidos o no. Y sin ella, cualquier posible acuerdo tendrá una validez diezmada y cuestionada.

De los indultos habla y escribe todo Cristo. Uno de los elementos más interesantes de este episodio ibérico ha sido la aparición estelar del empresariado y la Iglesia para respaldar la acción del Gobierno de izquierdas. No suele darse esa difícil ecuación, que habla bastante de la percepción en las calles de Cataluña, por más que unos cuantos miles de españoles salgan a protestar en la plaza de Colón de Madrid (si las normas de estilo me dejaran subrayaría Madrid). Y habla de la alargada sombra del clero en este país, aún, equiparada al nivel del impoluto poder económico. Creo que fue Américo Castro quien escribió que España es la historia de una creencia. Algo así. Hoy creo que es también la historia de un país que lleva décadas dándose de bruces con un proyecto laicista. Ya ven, una vez que aparece un partido de centroderecha clara y marcadamente laico y ya está en proceso de extinción. ¿Será una casualidad? En España, los partidos de derecha tienen un sesgo católico definido. Incluso cuando marcan su faceta más liberal, como ahora Carlos Mazón en el PP valenciano, y como antes Eduardo Zaplana, es para abrir mercado y subrayar su diferencia con la tendencia a acercarse al púlpito, que no cuestionan y que termina emergiendo. Después pasa lo que pasa. Ahí tienen: la derecha valenciana y la visita del papa en 2006 da para un sainete negro. La izquierda presume de laicismo, pero se congratula del apoyo ahora de los obispos catalanes (a los de fuera, incluido nuestro beligerante cardenal, tampoco se les ha oído protestar en público). Y la laica izquierda valenciana gusta del contacto estrecho con el arzobispo de turno. Porque bajo su manto permanecen muchas estructuras, argumentan: colegios, albergues para pobres, centros de atención de mayores y menores, universidades… Esa es la cuestión: no es posible una España hoy, aún, sin contar con las instituciones de la Iglesia católica. Sin su aquiescencia. Los siglos pesan. Aun así, chirría en la moderna València ver a una vicepresidenta (y más de un gobierno de izquierdas) afirmar junto al cardenal y arzobispo que el Santo Cáliz es un signo de identidad del pueblo valenciano. ¿Serà precís? España es un país laico donde cuenta mucho, aún, la voz de la jerarquía eclesial.

Cada mañana, antes de cumplir con la religión del trabajo, el tañido de la campana me acompaña varias veces. Tranquiliza que algo vigile el paso del tiempo y lo marque con compás sereno y solemne, sin el tono estresante de las modernas alarmas de los teléfonos. Disfruto de esa compañía segura y sobria, que procede de la iglesia contigua. Supongo que mi contradicción (otra) es, también, la de un país que no sabe ser laico.

Compartir el artículo

stats