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Joan Carles Martí

Valencianeando

Joan Carles Martí

El eclipse de la calle Landerer

El traslado definitivo del Escalante y antes de la Parpalló trae al recuerdo una de las rúas más cosmopolitas de los ochenta

Valencianeando

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He ido a muy pocos mítines. De forma voluntaria se contarán con los dedos de una mano y desde que trabajo en un periódico a ninguno. Como informador a dos o tres de carácter municipal como mucho. Una vez me propuse voluntario para hacer contracrónicas mitineras, esos artículos donde luce más el ego del escriba que aportan nada, pero el director huía de los líos, lo que agradeceré eternamente. Mi primer ‘acte públic’ político fue en la Sala Escalante organizado por el fugaz y desaparecido PNPV, con Francesc de Paula Bruguera de predicador. Siento decepcionar a los camaradas -siempre he despreciado el asambleísmo-, pero mi bautizo mitinero fue de una persona de orden que había sido diputado en Madrid con la UCD. Dado el fracaso de aquella elección prefiero hablar de aquel teatro de la calle Landerer, al que también iba por primera vez. Pese a la ecléctica iluminación tenía un aire de cabaret parisino, con ese rojo aterciopelado de butacas y cortinas, aunque las cosas que decía Bruguera diferían mucho de las alegres artistas de variedades. Luego he vuelto muchas veces a ver marionetas y al Nadal a l’Escalante, no obstante mis visitas más frecuentes eran a la puerta de enfrente donde estaba la Sala Parpalló que tan bien gestionó Artur Heras. La programación de aquella galería de la Diputació previa al IVAM merecía más atención investigadora, porque allí se forjó aquella cosmopolita València de los ochenta que tan rápido se ha esfumado.

Trasiego

Los cócteles de inauguración de exposiciones en el antiguo Café Lisboa eran lo más ‘gauche divine’ que hemos disfrutado. La Parpalló sigue viva en el MuVIM fiel a la transgresión de las vanguardias artísticas. Esta semana se ha conocido que el Teatre Escalante será un edificio nuevo en Beniferri y no puedo más que festejar el acuerdo del buen trabajo realizado por el diputado Andreu Salom. La solución es más barata que arreglar la vetusta sala del Patronato -propiedad de la Iglesia por los siglos de los siglos-, además permitirá construir un teatro con todas las necesidades de la dramaturgia del siglo XXI, y será más accesible para los escolares, con un aparcamiento donde los autobuses les dejen a la puerta. Ya sé que algunos preferían el dispendio de rehabilitar un local privado, y que incluso esgrimían que la municipalidad barcelonesa había adquirido El Molino, el centenario teatro del Paral·lel, pero aquí el arzobispado nunca quiso hablar de compraventa. Vivir del recuerdo con el dinero de todos se antoja reaccionario, así que celebremos que por fin una administración botánica se anima a invertir en cultura de futuro. Por cierto, la histórica calle del Escalante y la Parpalló está dedicada al célebre astrónomo José Landerer i Climent, un especialista en el fenómeno de los eclipses. Antes se llamó de ‘Valldigna’ porque allí estuvo la procura del monasterio. Todavía se conserva en una cantonera de piedra la inscripción: «año 1799 Plaza de Valldigna». Me encontré un día paseando por allí a Paco Bruguera y me contó que la calle también era conocida como la «dels escrivans». Él fue un gran articulista en este periódico gracias a su revés político. Desayunaba a menudo en el Lisboa y hablamos mucho de varietés. En eso era un auténtico líder.

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