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Juan José Millás.

TIERRA DE NADIE

Juanjo Millás

Alivio

Al preparar la maleta de piel para un viaje, descubrí en uno de sus costados un agujero que, por su tamaño, podría haber sido hecho por un ratón. Pero no hay ratones en casa. De todos modos, revisé su interior exhaustivamente en busca de excrementos u otras señales de las que dejan estos roedores. No descubrí ninguna. Supongo que algunos agujeros se hacen solos, pero no es lo normal, por lo que el suceso me dejó un poco trastornado. En cualquier caso, y como ya he dicho que era pequeño, continué haciendo la maleta, pues nada de lo que llevaba en ella podía escaparse por él.

Ya en el avión, recliné un poco el asiento, cerré los ojos e intenté, sin lograrlo, repasar la agenda de trabajo. El agujero en el cuero de la maleta me venía una y otra vez a la memoria como si se tratara de un agujero vivo, quizá el agujero por el que la maleta respiraba como el operado respira por el agujero de la traqueotomía. Aunque la maleta iba en la bodega del avión, podía escuchar sus jadeos. Pensé en el modo en el que solía yo distribuir la ropa en su interior y advertí que cada prenda podría representar una víscera. Ahí estaban el hígado y los pulmones y el corazón. Llevo tantos años arrastrando esa maleta de un lado a otro que necesariamente ha de tener algo de mí y yo algo de ella. Me arrepentí de haberla facturado, pues quizá podría haberla hecho pasar como equipaje de mano.

No me gustan los animales domésticos porque estoy en contra de la convivencia de las bestias con las personas. Por las diversas casas en las que he vivido han pasado, sin embargo y debido a circunstancias que no vienen al caso, gatos y perros y canarios con los que he mantenido unas relaciones más bien tensas. Nos hemos respetado, pero no nos hemos querido. Les he dado comer, los he llevado al veterinario, he limpiado sus jaulas, los he sacado a pasear, pero ya digo que hemos hablado poco, víctimas como éramos de una antipatía mutua que el paso de los años suavizó, pero no eliminó. Me he comunicado más y mejor con mi vieja maleta en la que están apareciendo orificios que recuerdan a los que hay en el cuerpo de algunos seres vivos.

Cuando llegué a destino y la vi asomar por la cinta, sentí alivio. Parecía encontrarse bien. Pobre.

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