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Marian Rebolledo

reflexiones

Marian Rebolledo

De sacerdotes y jueces

Ser juez y ser sacerdote son profesiones vocacionales, vinculadas de forma indisoluble con la ética personal, porque su ejercicio afecta de forma severa a la vida de las personas. Así como ser católico es una decisión personal, ser juzgado es una posibilidad que pende sobre todos nosotros en algún momento de nuestras vidas.

Ser católico es opcional, pero ser un día un reo es una posibilidad poco deseable. También es verdad que se puede tener contacto con la judicatura, no como acusado, sino como damnificado, y hasta puede que el juez (o la jueza) te acabe dando la razón. En cambio, acudir a un sacerdote, en principio, tiene más garantías de acabar bien porque, previa penitencia, eres absuelto si hay verdadero arrepentimiento.

Ambas profesiones, si se fijan, manejan términos comunes: te pueden absolver o condenar, usan púlpitos, te sermonean. Los jueces, eso sí, no te consuelan. Dictaminan, que no es poco, porque al parecer son infalibles. Lo suyo sí que es palabra de Dios. Estos días, dos profesionales, Carlos Lesmes (presidente del Consejo General del Poder Judicial en funciones) y Xavier Novell (el obispo dimisionario de Solsona, que abandona el cargo porque se ha enamorado) están copando las noticias. El sacerdote, que ya era famoso por sus ideas polémicas que nunca se ha privado de explicar, se enamora de una mujer y se va. El juez, en cambio, usa el púlpito de la inauguración del Año Judicial para sermonearnos a todos mientras se agarra con las dos manos a la silla. Ahora criticamos a muerte a Novell (dicen que está poseído, madre mía) pero no con tanta saña a Lesmes, ni mucho menos.

Pues si hablamos de exorcismos, yo los pasaría a los dos por agua bendita, a ver qué tal.

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