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Va de bo

Alberto Soldado

Lemay o el ejemplo de superación

La celebración del Dia de la Pilota se ha convertido en la semana de los reconocimientos. En un esfuerzo organizativo digno de todos los elogios, la Federació de Pilota monta una semana en la que el acto central es la gala que entrega los reconocimientos a clubes, jugadores, profesionales, promotores, escuelas, empresas y administraciones que de una manera decidida apoyan al Joc de Pilota. A ella asistió el conseller de Educació, Cultura i Esport, Vicent Marzà. Días antes, el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, presentaba el Individual de Raspall femenino. Visualización del apoyo del gobierno valenciano a nuestro deporte.

El máximo galardón de este año, el que recuerda al conseller que ordenó la construcción de minitrinquetes escolares, Manuel Tarancón, ha recaído en la mítica figura de Paco Cabanes «El Genovés», galardón que recogieron sus dos hijos. Todo se ha dicho, todo se ha escrito sobre los merecimientos de Paco, el más grande y el más carismático de los jugadores que se han conocido, dentro y fuera de nuestras fronteras.

En la misma gala subió al estrado un pelotari llegado desde la entrañable isla de Cuba, que aprovechó un mundial de pelota vasca para huir de un país que sólo le ofrecía jugarse el poder cenar esa noche en el frontón Ferreteros.

Llegó a España y fue acogido en tierras de la Manchuela donde se le ofreció dignidad y trabajo. Posteriormente en tierras valencianas, donde acabó afincando, pudo demostrar sus enormes cualidades para el frontón y su rápida adaptación a las maneras valencianas. Cuatro títulos individuales le avalan, además de su presencia en espectaculares duelos vasco valencianos. Lemay compaginaba su trabajo de albañil con ser el mejor en el frontón. Ha hecho de todo, siempre con pasión. Nunca ha faltado el respeto a nadie en la cancha ni fuera de ella. Ha mostrado siempre su agradecimiento a todo lo que Valencia le ha ofrecido: brazos de amistad, respeto a su procedencia, admiración por sus virtudes deportivas y humanas y un digno vivir. En plena pandemia era de los héroes que transportaban víveres a los supermercados.

Lemay hubiera sido el mejor entrenador para esa escuela soñada de frontón que acercase la pelota a mano de los vascos y valencianos. No me cabe duda de que el futuro del frontón a mano de tres o cuatro paredes estará en una pelota de menor peso, si es que conseguimos salvar la especialidad o reconvertirla en una que no castigue las manos y sea económica e inclusiva. El pelotari cubano tiene todas las cualidades que se necesitan para crear una escuela y obtener los resultados deseados. La principal: vocación de entrega a la causa, condiciones técnicas y esmerada educación para transmitir a las futuras figuras. Su trayectoria vital es el mejor de los avales. Su ejemplo en las canchas y fuera de ellas, el mejor de los testimonios. Gracias Lemay por todo lo que desde Cuba nos has traído.

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