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Riverola

Libres de tóxicos

La reforma laboralse plantea como el momento de la verdad para el Gobierno de coalición. Son muchos los intereses que convergen. Desde cuál de los dos partidos lidera el proceso hasta cómo conseguir alinear a empresarios, sindicatos y UE. De la gestión del momento, de la capacidad de unir fuerzas, superar disensiones internas y trabas externas, dependerá la supervivencia de la coalición. Tan determinante será el resultado de la negociación como el modo en que se alcance. Si la discrepancia deviene polarización social, serán la derecha y la ultraderecha las que se llevarán el rédito del desgaste.

Los adversarios del Gobierno son muchos y no solo se encuentran en el Congreso. Son demasiados los interesados en que cada desacuerdo en la izquierda se magnifique hasta convertirse en una brecha irreparable. El debate sobre la ley trans es un buen ejemplo. Las exageraciones en la disputa han caído incluso en el reaccionarismo. Hay un magma de añoranza que está idealizando la homogeneidad y las relaciones afectivas (también disciplinarias) del pasado. Al fin, un marco mental que solo perjudica a la izquierda. Liberar el disenso de toxicidad no solo protege al Gobierno, también al progreso.

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