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Juan José Millás.

Quedar como un imbécil

Llamo ‘respiración del siamés’ a la que escucho a temporadas junto a mi costado izquierdo, donde al volverme, sin embargo, no veo a nadie. Se trata de una respiración tranquila, al contrario que la mía, que suele ser ansiosa. Se manifiesta tan pegada a mí que podría pertenecer a un siamés invisible al que permanezco misteriosamente unido. Va y viene de forma arbitraria, de modo que nunca sé en qué momento aparecerá. Un martes cualquiera, salgo de la cama y ahí está el siamés respiratorio siguiéndome adonde quiera que vaya. Se ducha conmigo, se afeita conmigo, desayuna conmigo. Es tan real que a veces me miro en el espejo para ver si aparece. Pero no hay forma de que abandone su invisibilidad. Como es lógico, también me acompaña a las sesiones de terapia, donde procuro hacerle un hueco en el diván. Mi psicoanalista me preguntó ayer por qué me tumbaba en el borde del mueble.

Dudé si decírselo, pero al final caí en la tentación:

-Lo hago para dejarle sitio a un siamés invisible que llevo pegado al costado izquierdo desde el martes. La terapeuta calla a la espera de que desarrolle más el asunto, pero la verdad es que no sé qué añadir.

-¿Un siamés invisible? -dice al fin.

-Sí, escucho continuamente su respiración, que es la de una persona tranquila.

-¿Se parece a la suya?

-Para nada, la mía en ansiosa. Yo hiperventilo mucho. La hiperventilación, curiosamente, provoca la sensación contraria: la de que te falta el aire.

-¿Le viene bien entonces escuchar la respiración del siamés invisible?

-Pues lo cierto es que sí. Me relaja y con frecuencia, por imitación, respiro como él.

-Entonces, todo son beneficios, ¿no? -dice ella.

-No todo -apunto yo-. Por ahora se limita a respirar, pero tengo miedo de queun día le dé por hablarme.

-¿Qué teme que le diga?

-Algo malo -declaro, y en ese mismo instante el siamés me susurra al oído: «Estás quedando como un imbécil».

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