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Juan Lagardera

NO HAGAN OLAS

Juan Lagardera

Los (nuevos) gurús de la política

No es fácil construir un buen thriller del que ya se conoce el desenlace final. De hecho, toda la película estrenada esta semana pasada en la plataforma de Movistar y que narra el Brexit británico es un continuo spoiler. Su historia, incluso en los detalles, era conocida; los personajes son reales, están todos vivos. Y sin embargo Brexit: la guerra incivil, resulta un telefilm vibrante, cargado de emoción y con una tesis tan original como verosímil. El mérito es de su director, Toby Haynes, autor de la serie Black Mirror y de algunas adaptaciones sobre Sherlock Holmes. Y es precisamente encarnando al mítico detective creado por Conan Doyle que se dio a conocer el actor Benedict Cumberbatch, el verdadero motor y exégeta de la película.

Esta guerra incivil es un producto estrictamente británico. Se trata, por lo tanto, de todo un ejercicio catártico. Tan es así que la tesis del film va mucho más lejos de la propia circunstancia del Brexit, para radiografiar con la suficiente elegancia y vitriólico sentido del humor inglés el alma de su propio pueblo, un ejercicio tan generalista como tópico pero que en esta ocasión tiene el mayor de los sentidos, pues lo que se cuenta es el viaje casi iniciático de un gurú de la comunicación política hacia la masa social de su país en busca de una estrategia ganadora.

Cumberbatch encarna a Dominic Cummings, el estratega que contrataron los tories que promovían el referéndum frente a su jefe de partido, David Cameron. El film presenta a Cummings como un genio de la comunicación, un hombre culto –licenciado en Historia por Oxford y exasesor del ministro de Educación–, quien acepta hacerse cargo de la campaña a favor del Brexit si le ofrecen libertad absoluta para dirigirla y sin intromisiones de otros políticos. Cummings, de aspecto progre, armado con sus rotuladores, la mochilita con libros y una bicicleta de alquiler londinense, liquidará al viejo aparato antieuropeísta de los conservadores y ridiculizará a Nigel Farage y sus populistas ideas del UKIP.

Cummings descubre el poder de las redes sociales, se amparará en el control de datos de la peligrosa Cambridge Analytica, en Facebook y en otros grupos de yuppies californianos para descubrir la existencia de hasta 3 millones de británicos no controlados por los encuestadores oficiales de la política electoral. Crea eslóganes brillantes como Leave: Let’s take back control (marchémonos: volvamos a coger el control), y se inventa falsas verdades como que Turquía estaba a punto de entrar en la UE o que la salida de Europa reportaría 350 millones de libras semanales extra para mejorar la financiación del sistema nacional de salud…

Tales circunstancias son verdaderas, pero el film de Haynes y Cumberbatch va todavía más lejos: proclama el fin de una vieja política y el nacimiento de una nueva comunicación basada en los algoritmos. Bienvenidos a la política digital, aquella que descubre de modo instantáneo cómo reaccionan los votantes ante cualquier estímulo o idea. El pueblo se guía a sí mismo, una versión todavía más sofisticada del ancestral populismo.

Tras esta guerra incivil comprenderán mucho mejor los devaneos de las últimas figuras de la politología española. Iván Redondo, el artífice de la moción de censura que derrocó a Mariano Rajoy, finalmente también defenestrado por Pedro Sánchez tras sus errores de cálculo en Murcia. Redondo anuncia ahora que existe un gran futuro para el liderazgo de la izquierda en manos de Yolanda Díaz, a quien aúpa la derecha mediática para que desgaste al PSOE. Pero Redondo también vaticina una mayoría absoluta histórica para Isabel Díaz Ayuso (junto a Vox), si esta descabalgase finalmente a Pablo Casado como cartel electoral para las generales. Ayuso, precisamente, otra gran construcción del laboratorio comunicacional de Miguel Ángel Rodríguez –el regreso del asesor prodigo–, que airea la izquierda mediática para deprimir al mencionado Casado. Y en el vórtice de esta última batalla la presencia incombustible de Cayetana Álvarez de Toledo proponiendo un nuevo modelo cultural para los conservadores junto a otro gurú, Arcadi Espada.

Todo ello después de haber conocido los juegos de Steve Bannon con Donald Trump o el papel de la Fox en la política norteamericana, pero también las formidables campañas publicitarias del independentismo catalán. Y queda medio año para las presidenciales francesas, con Emmanuel Macron tratando de aglutinar a derecha e izquierda y con la extrema derecha partida irremisiblemente en dos, Marine Le Pen por el lado que apela a la cuestión migratoria, y Éric Zemmour, un hombre religioso que defiende las raíces culturales judeocristianas de Occidente.

Como se puede observar por cualquiera de los lados, la nueva política ya está aquí.

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