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Juan José Millás.

Ser el que quieres ser

Estreno un cuaderno que me han regalado y que ignoro de dónde viene, pues no lo pone en ningún sitio. Escribo la primera frase con un bolígrafo cuyo origen desconozco también. Al tiempo de estrenar el cuaderno y el bolígrafo, ellos me estrenan a mí. ¿Se preguntarían, de ser autoconscientes, de dónde vengo yo? Puede que cada uno procedamos de un sitio. Yo nací en Valencia; el cuaderno puede haber nacido en una fábrica china y el bolígrafo, no sé, pongamos que en Australia. Ahí estamos los tres, comprometidos en hacer algo grande, quizá un poema. ¿Por qué no un relato autobiográfico que empezara nombrando los amigos que tuve en la adolescencia?

Quiero decir amigos de verdad, por los que habrías dado la vida, la tuya. Tu vida. Toda. Los perdí, quizá ellos me perdieron a mí, quizá perdí la vida. Aún viven, creo. De vez en cuando los sigo a través de las redes sociales. Me pregunto quién de los tres morirá antes. Si mueren ellos antes que yo, no acudiré al tanatorio para dar el pésame a la viuda y a los hijos, si los tienen. Si muero yo antes que ellos, tampoco acudirán a abrazar a mi viuda y a mis vástagos. Nos moriremos solos, aislados de lo que un día fuimos los unos para los otros.

Jugábamos al ajedrez y a La Oca. Yo fui el primero en independizarme, en tener una casa. Al caer la tarde, ellos venían a aquella casa por la que pagaba un alquiler que representaba el 40% de mi sueldo y veíamos la televisión en blanco y negro o hablábamos de la vida como si supiéramos lo que iba a ser la vida. Lo que la vida iba a ser y no fue. No sabíamos nada, pobres, tampoco ahora sabemos nada, pero el saber que no sabemos nos proporciona un conocimiento especial sobre los peligros de ahí fuera. Hablo por ellos, doy por supuesto que tampoco saben, aunque quizá les costaría admitirlo. Si les preguntarais por mí, tal vez hicieran un gesto de compasión hacia sí mismos. Se compadece uno de sí mismo al compadecerse de los demás.

Total, que ya he llenado una página de este cuaderno de origen impreciso con este bolígrafo bastardo de color azul. Me extraña utilizar herramientas tan ajenas. Pero yo mismo soy una herramienta ajena a mí. Me extraño, de mí mismo. ¿He acabado siendo el que quería?

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