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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

La toga gana

Manolo Mata

Vivir es tomar partido, como le gusta decir a una figura muy relevante de la política valenciana. Y Manuel Mata ha decidido tomar partido por la vida. Tras siete años como portavoz socialista en las Corts Valencianes, casi cinco como número dos del principal partido de la Comunitat Valenciana y una larga carrera que le ha llevado por distintas responsabilidades de gobierno y de oposición (más en estas últimas que en las primeras), el todavía síndic socialista anunciaba ayer que dejará el cargo y el escaño para dedicarse por completo al ejercicio de la abogacía, tarea a la que nunca ha renunciado del todo y en la que ha desempeñado papeles estelares en el pasado.

Su decisión de asumir la defensa del principal imputado por el denominado «caso Azud», el constructor Jaime Febrer, en un asunto de supuesta corrupción de cargos públicos de diferente signo que presuntamente facilitaban ventajas y negocios a cambio de comisiones, ha acabado llevando a Mata a un callejón del que no tenía salida y privando a su partido de un activo de primerísima fila por su experiencia y capacidad de diálogo, un activo que el PSPV-PSOE ya no podrá recuperar para sus listas.

Mata no ha sido nunca un verso suelto en la formación del puño y la rosa, pero sí un espíritu libre. Nadó durante décadas a contracorriente desde las filas de Izquierda Socialista alineándose siempre con los candidatos alternativos al aparato. Ejerció la abogacía con éxitos notables durante la travesía del desierto de su partido, en la época dorada del PP, y regresó justo a tiempo para sumar su aportación al triunfo de la izquierda en 2015, pero pese a la confianza depositada por el presidente Ximo Puig en él, convirtiéndole en piedra angular de la negociación parlamentaria con los socios de Compromís y Unides Podem, Mata nunca entregó su corazón al Molt Honorable. Basta recordar aquel mitin de Xirivella, en 2016, en el que un destronado Pedro Sánchez intentaba recuperar la secretaría general del PSOE de la que le habían apeado Puig y otros líderes. Mil quinientos militantes de los que entonces se llamaban «abalistas» y Manolo Mata en un lugar destacado participaron en aquel acto que dio lugar al llamado «espíritu de Xirivella» y puso un ladrillo más en la escalera que devolvió al hoy presidente al poder absoluto en el PSOE.

Con todo, Puig mantuvo su confianza en el portavoz parlamentario hasta que empezó a resquebrajarse al asumir éste la defensa de Febrer, hace unos meses. El presidente valenciano se ha ganado merecida fama de saber rodearse de personas que suman, independientemente de la sintonía que tenga con ellas, y Mata es un buen ejemplo de ello. Pero el veterano político socialista no quería abandonar su condición de letrado, su profesión de toda la vida, e hizo algo inusual: renunciar a una parte del sueldo de portavoz para compatibilizar su tarea parlamentaria con los tribunales. Sin embargo, cuando trascendió que uno de sus clientes iba a ser el principal acusado de corromper con comisiones al vicealcalde de València con el PP Alfonso Grau y al veterano político socialista Rafael Rubio, subdelegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana cuando saltó el caso, todo se torció, aunque seguramente Mata tenía ya todos los pasos calculados.

Que el portavoz socialista en las Corts Valencianes asumiera la defensa de un supuesto corruptor de políticos sorprendió tanto que muchos pensaron que aceptaba ese encargo para controlar desde dentro, desde los tribunales, la información que sin duda saldría a flote disparando dardos en todas direcciones. No fue así. Hasta que esta semana se levantó el secreto del sumario en la mayor parte del llamado «caso azud» no han circulado datos de la investigación contenida en los 700 tomos de documentación. Pero algunos pasajes del sumario que han salido a la luz en estos días han acabado provocando el fin de la carrera de Mata como cargo público. Se había convertido, como él mismo ha dicho, en un «pato cojo», figura que se refiere al presidente saliente de Estados Unidos en los últimos meses de su mandato en los que ya no puede tomar decisiones relevantes: el portavoz parlamentario socialista y número dos de su partido no podía hacer declaración política alguna sobre un supuesto grave caso de corrupción, con ramificaciones en su formación y en otras, porque era el abogado defensor del principal encausado.

Una conversación el viernes entre el presidente Puig y el síndic Manuel Mata ha puesto fin a la cojera del palmípedo. No tardará en saberse si fue el portavoz quien comunicó que optaba por la abogacía o fue el líder del PSPV-PSOE quien decidió plantarse ante el conflicto de intereses y dejó a su número dos que eligiera el momento de anunciar su adiós, cosa que hizo ayer por la mañana, antes de dar comienzo el acto solemne del Dia de les Corts Valencianes, aunque permanecerá en el escaño una semana más por necesidades de la dinámica parlamentaria.

Muchos ponen hoy énfasis en que el socialista Manolo Mata deja su escaño para defender al cabecilla de una trama corrupta. Es cierto. Pero el veterano político, a lo largo de cuatro décadas de dedicación a la cosa pública, no es sospechoso de haber cabildeado con la corrupción. Cabe deducir que lo que ha hecho, entonces, es abrazar de nuevo, con más fuerza, su profesión de abogado, la que se ejerce cuando alguien llama a la puerta del bufete pidiendo sus servicios. No será el primer abogado de campanillas que asuma la defensa de un corrupto. Ni el último, porque hasta ellos tienen derecho a ser defendidos en los tribunales. Pero ese, a sus 62 años, es ya un camino sin retorno, por fortuna para Mata y su familia; por desgracia para la política valenciana.

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