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Juan José Millás.

TIERRA DE NADIE

Juanjo Millás

¡Qué duro!

Gracias a la «ortodoxia económica», el número de ricos creció en España un 4,4% durante el pasado año, mientras que el de las familias al borde de la exclusión crecía de forma geométrica. Lo de la «ortodoxia económica» se lo escuché decir a Antonio Garamendi en la tele a propósito de si los salarios deberían subir al ritmo de la inflación. Vino a decir que eso no era ortodoxo. Lo ortodoxo era que los trabajadores pagaran el pato. Supongo que hay varias clases de ortodoxias. Yo prefiero aquella según la cual no deberían existir las desigualdades brutales que nos aquejan. Pero no se trata de la ortodoxia dominante. De modo que mientras que el dueño de la ortodoxia sea Garamendi lo normal es que los ricos devengan más ricos y los pobres más pobres.

Significa que, incluso un gobierno con la mejor de las voluntades para evitar las subidas continuas del precio de la luz o de los carburantes, dispondrá de un margen de acción limitado mientras el amo de la ortodoxia sea el IBEX 35. Las eléctricas, por decirlo rápido, se han forrado a lo largo de los últimos meses. Desde el punto de vista de una ortodoxia ideal (ni siquiera idealista), lo lógico es que se limitaran sus beneficios. Estamos hablando de un bien básico, de primera necesidad, etc. Pero no hay manera de hacerlo porque lo impide la ortodoxia económica vigente. Se lo hemos escuchado mil veces, dicho de otros modos, a las ministras de Economía y Hacienda. Están, dicen, de acuerdo en los objetivos de atenuar las desigualdades galopantes, pero no encuentran el modo de hacerlo, porque, según la ortodoxia de la Confederación de Organizaciones Empresariales, cuando el precio de la sandía sube un 50%, lo que debe hacer un trabajador como Dios manda es dejar de comer sandía.

La camisa de fuerza de la ortodoxia económica dominante no afecta sólo a España, sino también al resto de la Europa comunitaria. Da la impresión, en fin, de que el gobierno de la UE no maneja una ortodoxia económica propia, lo que le obliga a depender de la del gran capital. Pero lo que viene haciendo el gran capital desde 2008 es transferir las rentas de las clases medias a sus cuentas corrientes. ¡Qué duro es todo!

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