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Martí

Valencianeando

Joan Carles Martí

La modernidad de Pelayo

El trinquet necesita un impulso definitivo a su Espai Cultural sin perder su principal esencia como la Catedral de la Pilota

Valencianeando

Manolo Gil, Óscar Peyrou, Pablo De Vita, y Jesús García Cívio.

Mientras vecinos y visitantes acallan el desvarío de la caverna contra la remodelada plaza de la Reina, existe un espacio único que necesita más atención. El trinquet de la calle Pelayo vive porque es un patio de luces en plena milla de oro de València. Allí vi jugar muchas veces a Paco Cabanes, ‘El Genovés’, y también contemplé como su sola presencia causaba una insólita admiración entre la cátedra y los habituales. Eso, en una vecindad poco dada a los consensos, necesita un pensament ahora que se acaba de cumplir un año del adiós del mito de la pilota. No sé cuantas veces ha estado a punto de desaparecer el trinquet, y aunque lleva una temporada estable, siempre sobrevuelan incertidumbres sobre la catedral del deporte autóctono. El restaurante facilita la adaptación a los tiempos, pero que nadie olvide que la cancha está abierta porque siguen las partidas y las apuestas. Voy a insistir para los desmemoriados: la pilota no existe por un folclórico naturalismo de juegos florales, ni por una innata expresión popular de nuestras raíces, ni milongas parecidas. Se continúa jugando a pilota porque las travesses aún permiten jugadores profesionales que generan afición y negoci. El resto literatura victoriana.

Espai Cultural Pelai.

Cuando se tuerce la médula de las sociedades empieza su declive. Lo hemos visto en el Valencia CF cuando se permitió que fuera más una empresa constructora que deportiva. Pues con la pilota pasa lo mismo. Cualquier iniciativa de actualización es bienvenida pero con respeto a la esencia. El trinquet está para disputar partidas y para entrenar. Su escuela de pilota es un ejemplo. A partir de ahí, su espacio singular puede albergar otras actividades. El Espai Cultural Pelai, con sus presentaciones de libros y actividades escolares, ha demostrado la polivalencia del trinquet. Pero al igual que un campo de fútbol y un pabellón de baloncesto, hay que acondicionarlo para conciertos, muchos más de los que ha habido, y para otros actos artísticos, pedagógicos, gastronómicos o empresariales. No hay un lugar de esas características y potencial tan céntrico y bien comunicado por autobuses, metro, cercanías, taxis y aparcamientos. La Fundació per la Pilota Valenciana ha abierto un camino con la creación del Espai, pero necesita consolidarlo tras el parón pandémico.

Tomás Llavador.

El trinquet y el Àgora de Calatrava se dan la mano en la complicidad de su volumen, sin embargo, la inauguración del CaixaForum permite ver que la intervención de Enric Ruiz-Geli resulta genialmente útil. Será absurdo no aprovechar la Capitalidad Mundial del Diseño para darle una vuelta a los usos de Pelayo, será la pirámide a una celebración un poco ecléctica. Porque los espacios que no se renuevan se mueren. Por eso mi más felicitación a José María Tomás Llavador, uno de nuestros mejores arquitectos, por su actualización de la plaza de la Reina.

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