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Tonino Guitian

El futuro está en las sinergias

Han oído hablar de ese señor que ha resucitado, sin subvención, una obra inédita de Josep Renau sin que ninguna de nuestras muchas instituciones le haya hecho caso hasta que se aireó el asunto? Parece el guion perfecto de un comedia de humor amargo porque se supone que el icónico Renau no sólo es de los suyos (ya no sé si soy de los nuestros) sino que su talento no necesita evaluaciones para conmover un corazón de izquierdas.

La cosa tiene incluso un gag estilo francés, cuando un cargo público de Cultura declaró ante las cámaras de Àpunt, que no habían recibido solicitud alguna para evaluar esta obra pero acaba dándose cuenta de que sí. Está en su correo oficial, pero no la había podido atender, por las prisas.

Por fin, el cuadro ha recibido aquí la atención que ya estaba recibiendo fuera. Y gracias a todo en este asunto nos hemos podido enterar de que nuestro Ejecutivo autonómico ha comprado, por 3,7 millones de euros, obras de Sorolla, Pinazo, El Greco, Ribera, Rubens, Zurbarán y Joan de Joanes que pertenecían a la familia Lladró. Los podremos disfrutar en el Museo de Bellas Artes, que Renau tan bien conoció, como un aviso a los artistas de que, por mucho que se empeñen, genera más sinergias culturales y tiene más salida un cuadro de la Virgen, un arlequín, o un atardecer en la Albufera que una alegoría llamada ‘El futuro trabajador del comunismo’. El futuro está en las sinergias, no en las siderurgias.

¿Confusos por estos contradictorios conceptos del arte y de la moral? ¡No, hombre! Fíjense que si hay en nuestro país que pueda representar al trotskismo sin tapujos es nuestro querido magnate catalán Jaume Roures. Si no lo conocen, fue su productora, Mediapro, quien distribuyó la señal de la visita del Papa en València así como la del fútbol. Recientemente, este nacionalista neo-comunista de corazón (nada que ver con el partido) ha sido visto compartiendo mesa con el excomisario Villarejo, símbolo de las cloacas policiales. Y en esta podredumbre cabe cualquiera, señora, desde Cotino a Pujol o a Zapatero, pasando por los medios de comunicación, porque cuando en fin es bueno, cualquier medio que se use para obtenerlo está plenamente justificado y celebrado con marisco.

Los ingleses dicen que el Diablo puede citar la Biblia, si con eso sirve a su causa. Con este espíritu, conforme con la retórica de estos tiempos, cualquier ideología cobra hoy un nuevo sentido siempre que se venda. También los ángeles invitaban a los seguidores de Galileo a no dirigir sus ojos al cielo: «Hombres de Galilea, ¿qué estáis mirando en el firmamento?» decía el versículo que su antagonista, el fraile Tomasso Caccini, empleó para prevenir de los peligros diabólicos del astrónomo y matemático, quien contradecía las ideas geocentristas de las sagradas escrituras.

Los métodos para luchar contra el cabezota de Galileo no fueron siempre honorables pero, durante varios siglos, los sucesivos pontífices consiguieron evitar que la Tierra girara sobre sí misma, cosa que hubiera sido un trauma para la gente simple que pagaba religiosamente impuestos para que su alma subiera al cielo en vertical, sin cálculos antigravitacionales.

Que la mítica obra de Renau cobre vida, se lo debemos al impulso personal de Javier Parra quien, además de artista, es secretario general del PCPV. Esto tiene todo el valor de un signo. El signo de que el peso de la burocracia como aparato opresor es el más poderoso de los poderes. No se le puede disparar, no se le puede llamar por teléfono ni enviarle e-mails, no se le puede cortar la cabeza, porque no tiene. Perdura como un organismo primario. Como la Hidra de Lerna, tiene la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que pierde. Y visto lo visto, cada cabeza que nace es, por necesidad evolutiva, más venenosa que las anteriores.

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