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Amparo Zacarés

REFLEXIONES

Amparo Zacarés

Anglicismos

En todos los idiomas suelen emplearse términos tomados del inglés que se utilizan en el mundo profesional, académico, deportivo o periodístico. Por lo general, funcionan de manera habitual en esos ámbitos específicos y de ahí suelen pasar al habla diaria y cotidiana. Son términos que se acuñan en inglés y que, a fuerza de no encontrar siempre una traducción directa, se difunden como tales alcanzando sus propias cotas de popularidad. En el caso de la violencia contra las mujeres son varios los términos nuevos que se han creado para dar nombre a acciones que pasaban inadvertidas por estar normalizadas y naturalizadas. En concreto, el acoso callejero viene a conocerse cada vez más con el neologismo anglosajón  “catcalling”, voz que deriva del sonido que se emite cuando se llama a un gato en la calle para que se acerque. Este tipo de acoso se refiere a la agresión verbal en forma de insinuaciones incómodas y comentarios sobre el aspecto físico que las mujeres reciben de los hombres cuando transitan por lugares públicos.

Anglicismos

El caso es que la violencia verbal ha sido tema de noticia reciente al salir a la luz los gritos machistas de los alumnos del Colegio Mayor Elías Ahuja de Madrid durante las novatadas de comienzo del curso universitario. Y , hace poco, ha salido a la palestra el cántico sexista que coreaban los componentes del equipo masculino de rugby de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. Al modo de la danza ritual que popularizó la selección de rugby de Nueva Zelanda y que se conoce como haka, el capitán y el resto del jugadores gritan dispuestos a ganar la partida. Pero la cuestión es que el ánimo lo reciben de palabras que poco tienen que ver con cohesionar al equipo como sucede con los neozelandeses. Alzar la voz y gritar :“Violación, estupro y cohecho. ¿Quién domina? Derecho”, no parece que se refiera a la batalla que tienen que librar en el terreno del juego, máxime cuando se continúa gritando: “los de medicina la tienen muy fina, los de farmacia muy lacia, los de arquitectura poco dura y a los de derecho nos llega hasta el pecho. Y es por eso que las niñas de Info prefieren a los de derecho”. Estas frases más bien dan a entender que se trata de una competición para medir sus atributos genitales, confrontándose con sus congéneres masculinos y minimizando que se enuncien delitos sexuales contra las mujeres.

Comento esto porque al cubrirse la noticia, uno de los entrevistados mandó callar a la representante del equipo femenino de rugby de esa misma universidad. Pretendía restar importancia a la polémica y a la protesta de las deportistas por el comportamiento inadecuado del equipo masculino de rugby. Esa escena en la que un varón le retira la palabra en público a una mujer es una inercia sexista que viene de siglos atrás, de aquella época en la que solo los ciudadanos podían hablar y ser escuchados en el espacio público (isegoría) porque solo ellos eran iguales ante la ley (isonomía.) A esa tendencia que sigue siendo habitual, se conoce con el término anglosajón “manterrupting” y se utiliza para definir la acción de interrumpir de manera innecesaria el discurso de una mujer por parte de un hombre.

Este anglicismo ha venido a completar al término “mansplaining” que fue popularizado en 2008 por la escritora Rebecca Solnit. Hay que saber que, aunque ambos hagan referencia a una situación comunicativa, no significan lo mismo ya que este último se refiere a la táctica en la que los varones interrumpen de manera paternalista a las mujeres para explicarles algo con condescendencia por entender que ellos tienen más dominio del tema por el solo hecho de ser hombres.Sucede incluso cuando aquello de lo que se habla es un tema del que la mujer es especialista o sabe más que el varón. Sea por una cosa o por otra, tome la forma de comentarios, gritos y otras acciones humillantes e intimidatorias, conviene que esos tics misóginos dejen de ser disculpados para ser tratados como merecen por la Ley 3/2022 de Convivencia Universitaria que, en consonancia con una sociedad democrática, ha incluido medidas a fin de acabar con el acoso verbal, no verbal o físico, de índole sexual, en las universidades.

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