Opinión | Tribuna abierta

Femicidios y feminicidios

De todos los tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres la más preocupante es la violencia de género. Ya son 54 mujeres asesinadas en 2023 por sus parejas o ex parejas. En la última semana de noviembre, en fechas tan significadas contra este tipo específico de violencia contra las mujeres, se registraron cuatro asesinatos de esta índole que vienen a dar una cifra de 1.239 desde que en 2003 empezaron a contabilizarse en España. Ante estos datos tan preocupantes he querido recordar la importancia de nombrar este tipo de crímenes en los que la víctima es mujer. Es sabido que aquello que no se nombra no existe y no puede ser ni reconocido ni afrontado como corresponde. De ahí la importancia de dos términos acuñados a nivel teórico y que la prensa viene difundiendo al relatar las noticias y contar los hechos. Me refiero a los conceptos «femicidio» y «feminicidio»y conviene aclarar los matices que los diferencian.

Por una parte «femicidio» es la traducción directa del inglés femicide que creó la activista y escritora feminista Diana Russell para designar y reconocer los asesinatos que tienen un componente claramente misógino como son los crímenes por honor, los infanticios femeninos o la quema de brujas en el pasado. De esta manera, frente a la palabra homicidio que no especifica el sexo de las víctimas, acuñó el de «femicidio» que sí lo tiene en cuenta. Fue en 1976 cuando lo utilizó por primera vez en público al testificar ante el Tribunal de Crímenes contra las Mujeres que tuvo lugar en Bruselas. Lo hizo con los datos que había plasmado en sus investigaciones y que le había llevado a afirmar que muchos de los homicidios eran en realidad «femicidios». Por este motivo, dirigió su empeño a analizar la política sexual del asesinato y así lo dejó escrito en su libro Femicide. The politics of woman killing.

En cuanto al término «feminicidio» fue la mexicana Marcela Lagarde quien lo desarrolló y expuso como diputada del congreso mexicano y presidenta de la Comisión especial que se creó para investigar los crímenes contra las mujeres y las niñas en Ciudad Júarez durante la legislatura de 2003 y 2006. Este concepto también lleva implícito la necesidad de aclarar el sexo de las víctimas pero añade algo más y es la impunidad con la que se comete.

En este sentido, el feminicidio se configura como un crimen de Estado al no ser capaz éste de garantizar la vida y la seguridad de las mujeres. Desde ese enfoque pudo analizar la normalización de la violencia de género y la violencia institucional en forma de amenazas y trato negligente que sufrieron las familias de las víctimas por parte de las autoridades corruptas. El componente político de estos crímenes quedaba en evidencia al no permitirse su esclarecimiento, ni facilitar el acceso a la justicia y, mucho menos, la reparación del daño cometido. Lo destacable es que estos conceptos superan el aspecto neutro del término homicidio o asesinato y han ayudado a que este tipo de violencia contra las mujeres deje de confundirse con otros.

Por eso mismo, quienes dejan de condenarlos con la especificidad que requieren, dejan patente su ignorancia y su incompetencia para afrontarlos desde la gobernanza política como un problema de Estado y de salud pública que afecta no solo a las víctimas sino a las familias y a la sociedad entera.