Opinión

Carritos para subir rascacielos

Un neoyorquino cruza un paso de peatones con un carro de la compra Rolser.

Un neoyorquino cruza un paso de peatones con un carro de la compra Rolser. / L-EMV

Los valencianísimos carros de la compra Rolser, de Pedreguer, seis ruedas y plegables, han llegado hasta el mismo Moma de Nueva York. El reputado Museo de Arte Moderno lo ha seleccionado para su tienda de diseño con una máxima de lo más sencilla y entendible: «hace más fácil la vida de la gente». Mi compañero Alfons Padilla, dueño y señor de todo lo que pasa en la Marina Alta, lo cuenta la mar de bien. El diseño del carro ayuda a los usuarios americanos a subir con él los empinados rascacielos de esta ciudad eternamente cinematográfica. Siendo sinceros, lo más seguro es que todo el mundo suba en ascensor, pero los ajetreados neoyorquinos se han identificado plenamente con los carros valencianos, que bien sirven para llevar la compra pero también otros utensilios como pequeños instrumentos musicales, material de trabajo o ropa para el gimnasio. 

Del talento de los pueblos valencianos han surgido, desde hace décadas, decenas de creaciones cuyo origen el mundo ignora. Un ciudadano de la Gran Manzana estaría disfrutando de dos inventos de la ‘terreta’ si, además de cargar con un carrito de la compra, se estuviera tomando una Coca-cola. Porque solo hace falta pasar diez minutos en Aielo de Malferit, en la Vall d’Albaida, para que sus vecinos saquen pecho de dos cosas: de Nino Bravo y del refresco de nuez de cola que encendió la chispa para dar vida a uno de los refrescos más consumidos a lo largo y ancho del globo terráqueo: la Coca-cola. Al menos, de eso alardean sus naturales, que llegaron a pedir permiso a la supermercantil norteamericana para poder hacer de los orígenes valencianos de la bebida una campaña de promoción de la localidad.  

Sillas por el mundo

Pero todavía hay más. Igual ellos lo desconozcan también, pero quizás mandatarios de EEUU de diversos organismos gubernamentales decidan cuestiones relevantes para sus ciudadanos o el mundo entero descansando el tramo final de sus espaldas en sillas nacidas de la creatividad de una empresa de Alaquàs creada por Francisco Andreu Martí: la archifamosa y premiada Andreu World. La silla Andrea, diseñada por Josep Lluscà y de inspiración Gaudí, ha formado parte de colecciones temporales del Moma y es uno de los emblemas de la firma.

Sin duda, debe de haber mucho más talento valenciano oculto en la rutina diaria de los miles habitantes de la ciudad de skyline inolvidable. Pero, de momento, si se acercan por allí no se sorprendan si ven a la estilosa Carrie Bradshaw empujando un rolser, despistada, sobre unos finos tacones de aguja del canario Manolo Blahnik. Todo no iba a ser valenciano....Pero casi.