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Afirmaciones contundentes

Para combatir la astenia primaveral, la depresión generalizada, el decaimiento provocado por las dietas hipocalóricas, el mal humor que generan las noticias del telediario, y el pesimismo que se va apoderando de nosotros por el mero hecho de ir envejeciendo, prescribo a quienes quieren escucharme el Método Marzal para la Satisfacción Integral del Contribuyente (porque somos, antes que cualquier otra cosa, desde el punto de vista espiritual, contribuyentes con distintas obligaciones contributivas para con el Estado).

El fundamento del Método reside en que nos permitamos enunciar durante el día afirmaciones contundentes -y mejor si están revestidas de un carácter impositivo. Estas afirmaciones rotundas tienen la virtud de favorecer la promiscuidad neuronal y la segregación de endorfinas, de modo que se ve reforzada nuestra manera de instalarnos en el mundo, y de paso aumentan las defensas de nuestro sistema inmunológico, y los ganglios del sistema nervioso central, y el resto de los sistemas que nos conforman, incluidos el sistema de pesas y medidas y el sistema informático de nuestro ordenador.

La preguntas tienen mucho prestigio intelectual, gracias a ciertos filósofos de todas las épocas. Pero no pueden compararse con el efecto revitalizador de las afirmaciones severas. Las preguntas, a la larga, generan individuos asustadizos, pusilánimes, enclenques cultivados, pero sin media hostia para afrontar los problemas que acechan al ciudadano medio del siglo xxi. Eso de ir por ahí dudando de todo por principio no es principio para ir por ahí. Eso de ponerse mayéutico y socrático con el personal, haciéndole preguntas encaminadas a que descubra el conocimiento por sí mismo, es una murga. Mi lema de vida es: "A la euforia por la afirmación". "Asevera y sé dichoso".

El ensayismo literario (o el ensayismo a secas) ofrece un ámbito ilimitado de posibilidades asertivas. Como con las inversiones monetarias, conviene diversificar nuestros intereses. Los beneficios del Método resultan inmediatos.

Vayamos a la explicación práctica. Me levanto de la cama, por ejemplo, y me digo: La filosofía tiene el deber moral de hacer felices a sus lectores. Después me encamino al baño y procedo a hacer mis abluciones matinales.

Más tarde afirmo, ampliando el campo de mis especulaciones: La nueva cocina española está obligada a ser cocina de mercado. Y luego me tomo un café con leche.

Apenas salgo a la calle, me voy viniendo arriba y ya no hay quien me detenga. La ciudad moderna será de nuevo la ciudad del hombre o no será. No te preguntes qué puede hacer la Constitución Española de 1978 por ti, sino qué puedes hacer tú por la Constitución Española de 1978. El erotismo doméstico representa la única forma de subvertir en secreto el poder del Estado capitalista universal, carcomiendo sus fundamentos represivos desde la raíz.

Regalarse afirmaciones como estas equivale a inspirar aire de las cumbres alpinas, una fiesta de Navidad para los alveolos.

La sintaxis no puede convertirse en una mordaza para la creatividad del artista verdadero, me digo al oído mientras escribo estas palabras, y me felicito por habérmelas dicho. Y para terminar en paz con mi mismidad concluyo: El periodismo literario significa el último refugio de la libertad de conciencia en Occidente. Y me quedo como nuevo.

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