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Crónicas de la incultura

El mundo, el demonio y la carne

He aquí una frase de las Escrituras que a los/las de mi quinta nos perseguía obsesivamente en boca de curas, maestros, parientes adultos y, por supuesto, en el catecismo: «los enemigos del alma son el mundo, el demonio y la carne». Cuando esta columna les alcance en plena semana santa, no estará de más que se la tomen en serio (la frase, no la columna, donde siempre me propongo prodesse et delectare, otra cosa es que lo consiga). Aquellas semanas santas de mi niñez castigaban decididamente al mundo, al demonio y a la carne. Como solo podías ir a ver procesiones o asistir a oficios religiosos, el mundo se reducía a esos dos actos; por su parte el demonio solo asomaba la cabeza en forma de monigote con cuernos y patas de macho cabrío en alguno de los pasos, generalmente en el de la oración en el huerto; en cuanto a la carne, ni se probaba -ayuno y abstinencia-, si acaso veías pasar de cuando en cuando una penitente de buen ver bajo la mantilla. Pero como todos sabemos este periodo ya no es lo que era, mejor dicho, ya no era lo que fue: la semana santa se había convertido en vacaciones de pascua y el mundo, el demonio y la carne abundaban. El personal pillaba aviones a destinos exóticos, incurría en toda clase de excesos demoníacos y, por supuesto, se daba generosamente a la carne, de restaurante y de la otra. Hasta que llegó la pandemia: el año pasado nos pilló en pleno confinamiento y fue menos mundana, demoníaca y carnal que nunca; este…, veremos cómo se porta.

El gobierno, todos los gobiernos, se han puesto las ropas talares y predican otra vez que los tres enemigos del cuerpo son el mundo, el demonio y la carne. Ni se os ocurra salir al mundo, dicen, y para que nadie se haga el despistado, le han perimetrado todo lo que había por perimetrar. Nada de coquetear con el demonio del virus, continúan diciendo, antes hay que vacunarse (hasta con Astrazeneca, que no es más eficaz que el agua bendita) porque Satanás tiene malas pulgas y muta en cuanto te descuidas. En cuanto a la carne, ¿para qué insistir?: prohibidos los tugurios, las horas nocturnas, los bailes, hasta los grupos de no convivientes. Pero los enemigos del orden vuelven a la carga criticando la incoherencia de que se permita viajar desde Alemania a Benidorm, pero no desde Albacete. Tonterías: ¿no conocen el efecto Mateo (13: 11-13): «porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene». Ha vuelto la Contrarreforma.

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