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Un frontón imaginario en The Liminal

El dúo brasileño-estadounidense Terri Witek y Cyriaco Lopes medita a través de la performance, la poesía visual, el bordado, la imagen velada y el vídeo.

Un frontón imaginario en The Liminal

En la arquitectura clásica, el frontón es la sección tradicionalmente triangular en la parte superior de la entrada de un templo. Tal concepto ha inspirado a muchos artistas, pero hasta ahora nada parecido a lo que produce el tándem Terri Witek (Sandusky-Ohio, EEUU, 1952) y Cyriaco Lopes (Río de Janeiro, Brasil, 1971). Ellos exponen hasta el 26 de enero de 2022, en la galería The Liminal de València, un proyecto sorprendente titulado ‘The imaginary pediment’. Significa, traducido al castellano, «El frontón imaginario». Veremos por qué.

Ella es poeta mientras que él proviene de las artes plásticas, juntos funden ambos mundos: desde la poesía experimental y las cuestiones literarias a las corporales y plásticas. Videoarte, instalación, pintura, escultura y fotografía en una cita que conecta el pasado y el presente de la Humanidad.

La obra más reciente de ambos combina imágenes y textos en lo que, trabajando como colectivo, consideran una meditación lírica sobre el paso del tiempo y sobre el lenguaje imperfecto de aquello que permanece y a la vez se transforma. Así, reúnen fragmentos de la historia plasmados en cartelas de museo descontextualizadas y manuales, esculturas pintadas y lugares retratados. Cada uno muestra sus piezas y, también, obra en común mayormente performativa. Sus sensibilidades convergen con fuerza.

Las diferentes series de obras que pueden verse en la exposición, todas de reciente creación y presentadas por primera vez en la galería, encuentran un espacio-tiempo de inspiración común: una visita a tierras griegas y, concretamente, el encuentro de estos artistas con los restos de los frontones del antiguo templo de Zeus, entre otros.

Destacan las fotografías de unas vasijas dispuestas como en un museo. Imágenes de utensilios sobre peana, objetos sostenidos con metacrilato y numerados para un inventario de recuerdos que intercalan sabiduría impresa sobre tela o bordada con hilo y cabellos.

El recorrido expositivo se distribuye a partir del mapa de una estructura piramidal en azul cobalto que se encuentra en la parte izquierda de la entrada a la galería. Este hace las veces de croquis y proporciona orientación al visitante. La iluminación neutra y la altura a la que están colgadas las piezas que van enmarcadas sugieren cierta solemnidad. Dotan al espacio de un carácter museográfico, formalidad que se quiebra con la aparición de un vídeo al fondo, integrado en una instalación en la que la forma triangular sigue presente.

Asimismo, la idea de oráculo reside en cada verso cosido y enmarcado, de manera que los retazos de poemas podrían convertirse en una especie de haikus que formulan preguntas a quienes visitan la exposición. Igualmente, durante la inauguración de la muestra los artistas llevaron a cabo una performance conjunta en la que la palabra cobró el protagonismo y unas luces blancas oscilando cual lámpara de faro, motivaron al público para participar con sonidos primitivos, risas liberadoras y palabras proféticas.

El Oráculo de Delfos era un templo griego dedicado al dios Apolo al que la gente acudía para conocer el futuro. Se considera uno de los más famosos de la antigüedad y su origen está envuelto en un halo de misterio y profecías. El recinto en el que se encontraba el templo estaba localizado en Grecia, en el monte Parnaso. Aunque al santuario acudía multitud de peregrinos en busca de alguna orientación sobre decisiones que debían tomar, la función esencial del oráculo no era predecir el futuro, sino ayudar a sanar a las personas que acudían allí.

La experiencia artística surge así a modo de propuesta para calmar los ánimos e impulsar al público a reflexionar sobre el momento en que vivimos y, además, de dónde venimos... También, quién somos. Un tributo al aforismo griego «Conócete a ti mismo» inscrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos. Por extensión, las imágenes de esculturas clásicas transferidas a finos pañuelos translúcidos que cubren pinturas coloridas, se mueven al paso del visitante, con el leve viento que genera el cuerpo, incitando al autoconocimiento tal que si fuesen espejos o portales espacio-tiempo.

Ese frontón quimérico en el que se ha convertido la versátil galería, siempre a la vanguardia de las propuestas internacionales cuyo trasfondo es la fluidez de género, invierte los roles de masculinidad y feminidad en palabras e imágenes. Aquí, Witek y Lopes abordan lo que llaman «el discurso de los fragmentos» ya que todo lo que percibimos es una parte y no un todo, incluso de nosotros mismos.

Sus fascinantes obras con frases y palabras aluden sin duda a la antigua Grecia: mencionando al centauro, la belleza en cuanto a excusa y las miradas que dejan o no dejan huella. Poesía visual experimental jugando con la mitología, la historia y la arqueología, entretejen una delicada trama que sorprende por la multiplicidad de interpretaciones que permite.

Desde el comienzo, su trabajo artístico como dúo valora tanto el azar como la elección, indagando en las diferentes poéticas visuales del binomio texto-imagen, trasladadas ahora a un espacio arquitectónico muy sugerente. El frontón a menudo se halla rodeado por una moldura sobresaliente. Es la cornisa, que agrega profundidad visual a la estructura. La superficie plana y vertical contenida dentro de la cornisa se conoce como tímpano. En prácticamente cualquier templo griego antiguo, el tímpano era decorado con relieves elaborados y tallados de héroes, dioses y monstruos. Una tríada condensada en este particular proyecto en el que cada cual puede elegir quién ser.

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