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Solo l’Énova y Fortaleny siguen sin cajero tras el plan contra la exclusión financiera

La sucursal que había en l’Énova cerró hace un año y un autobús da servicio cada 15 días a Fortaleny

Una mujer saca dinero en el cajero instalado en el Ayuntamiento de Sant Joanet. | PERALES IBORRA

Solo l’Énova y Fortaleny siguen a día de hoy sin cajero automático en la comarca de la Ribera tras la puesta en marcha del plan contra la exclusión financiera impulsado por la Generalitat Valenciana para evitar el despoblamiento en municipios con menos de 1.500 habitantes.

Durante los últimos meses, la Generalitat ha incorporado un cajero en las localidades de Mareny de Barraquetes, Llaurí, Sant Joanet, Benimuslem, Senyera, Sellent, Beneixida, Cotes y Benicull de Xúquer gracias al contrato de la administración con Caixabank para acercar el servicio a estos pueblos. De esta manera, el plan obligaba a los municipios adheridos a disponer de un espacio en el que ubicar el cajero para garantizar la seguridad. El ayuntamiento ha sido el edificio escogido por la mayoría de ellos. Sin embargo, Benicull de Xúquer ha instalado el cajero en la antigua planta potabilizadora con el objetivo de ampliar el horario de uso de este servicio por parte de los vecinos del municipio. La alcaldesa de la localidad, Amparo Giner, ha explicado que «se eliminó toda la maquinaria de la planta y se habilitó en tiempo récord para poder colocar el cajero».

La mayoría de estos municipios habían visto como los bancos bajaban la persiana de sus oficinas y sucursales durante los últimos años. A modo de ejemplo, en 2018, Levante-EMV adelantaba que el 30% de los pueblos de la comarca no contaba con este tipo de servicio, hecho que obligaba a los habitantes a desplazarse a localidades cercanas para poder sacar dinero o realizar algún tipo de pago. Por su parte, los vecinos y vecinas de Cotes y Sellent nunca habían contado con una oficina bancaria en la localidad. En este sentido, la alcaldesa de Cotes, Rosa Emilia Lorente, manifiesta la importancia de contar con un cajero. «Los vecinos están muy contentos, ya que pueden realizar operaciones básicas como extraer dinero, consultar el saldo o pagar recibos sin salir del pueblo teniendo en cuenta que gran parte de la población es mayor y depende de familiares para poder desplazarse», reivindica.

Llaurí es el único municipio adherido que ya contaba con un cajero de Cajamar. Su alcaldesa, Anna González, explica que la localidad se encuentra en riesgo de despoblación y cumplía con los requisitos para instalar el cajero.

Oficinas móviles

Algunos municipios disponían de una oficina móvil cada quince días con el objetivo de que los vecinos pudiesen realizar las operaciones bancarias. En el caso de Fortaleny, es la única alternativa de la que dispone la población, ya que todavía no tienen un cajero automático. «Estamos esperando que nos pongan un cajero, pero no sabemos cuándo ocurrirá», denuncia la primera edil. Por su parte, los habitantes de Sumacàrcer cuentan una sucursal que abre dos días a la semana, un cajero y el autobús que se desplaza cada quince días.

El caso de l’Énova es más complicado, ya que no disponen de cajero automático y tampoco acude ninguna unidad móvil. El alcalde de la localidad, Tomás Giner, denuncia que la sucursal bancaria cerró hace aproximadamente un año «sin ningún tipo de explicación». La única alternativa es desplazarse a la vecina localidad de Manuel.

Giner añade: «La mayoría es gente mayor que no tiene coche, por lo que no puede disponer de dinero». «La Generalitat licitó el proyecto, pero no nos pudimos adherir en su momento, ya que disponíamos de una sucursal bancaria, por lo que tendremos que esperar al próximo lote para poder contar con un cajero», explica Tomás Giner.

«La ausencia del servicio en el pueblo también reduce las ventas del comercio local»

L’Énova, con una población de 912 habitantes según los últimos datos del INE, es uno de los dos municipios que todavía no cuenta con un cajero automático en la comarca de la Ribera. La localidad tenía una sucursal hasta hace aproximadamente un año. El alcalde del municipio, Tomás Giner, señala que esta ausencia no solo comporta problemas a los vecinos y vecinas de l’Énova, sino también al comercio local. «Los propietarios de las tiendas lo han notado porque no tienen datáfonos y, además, la mayoría de las personas que acude a los establecimientos es gente mayor que paga en metálico, ya que no tiene tarjeta», explica Giner.

Ante esta situación, algunos comercios de la localidad han optado por incorporar el datáfono o aceptar pagos mediante Bizum. «Es difícil que una persona de avanzada edad se acostumbre al uso de las nuevas tecnologías y esto comportará el cierre de algunos locales, que ya sufren bastante para llegar a final de mes», denuncia. Ante esta situación, los vecinos de la localidad tienen que desplazarse a Manuel para poder utilizarun cajero automático. «La gente mayor no puede caminar tanto y tampoco hay transporte urbano que comunique ambas localidades. Además, al llegar al cajero, las colas son bastante largas porque se produce una acumulación de gente», denuncia.

En este sentido, Giner espera una solución inmediata porque se trata de «un servicio esencial» para cualquier ciudadano.

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