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«Solo pido poder abrazar a mi hermano»

? Crescencio Torres, de Villalonga, pide ayuda para encontrar a un «niño robado» que nació en 1951 en el antiguo hospital Sanjurjo de València ? «A mi madre la dieron por muerta y jamás nos explicaron qué había pasado con el recién nacido»

«Solo pido poder abrazar a mi hermano»

«Solo pido poder abrazar a mi hermano»

La triste historia de los niños robados en la época del franquismo ha resurgido en el municipio de Villalonga. Allí, un hombre, que se emociona hasta las lágrimas cuando habla del tema, reconoce que ha esperado demasiado, pero acaba de dar el paso para intentar que su vida no se acabe sin cumplir un deseo que le obsesiona: «No busco reproches, ni venganzas, ni dinero, ni nada de eso. Yo solo quiero poder abrazar a mi hermano».

El hombre se llama Crescencio Torres Valentín, que nació en la localidad de Miguel Esteban (Toledo) en 1945 y que, con su padre y su madre, se instaló poco después en Villalonga, donde establecieron su vida y donde él sigue residiendo. En 1951, cuando Crescencio tenía solo 6 años, su madre, embarazada, fue a dar a luz al hospital Sanjurjo de València (hoy denominado Doctor Peset), y es allí cuando, según su testimonio, le robaron el niño que había engendrado.

Cuenta Crescencio Torres, basándose en lo que vivió y en lo que recuerda del relato posterior de su padre y de su madre, Pedro y Alfonsa, que a ella la dieron por muerta en el hospital. Dijeron que se había desangrado durante el parto a pesar de que Alfonsa llegó a ver a su hijo ya nacido. La mujer incluso fue trasladada al depósito de cadáveres del hospital, pero un médico, de apellido Carmena, estuvo allí poco después y «escuchó un ronquido». Alfonsa Valentín estaba viva, fue llevada a planta y se recuperó satisfactoriamente. ¿Pero dónde estaba el hijo que había parido? De eso nunca se ha vuelto a saber.

El hermano del recién nacido cuenta que a sus padres les dijeron que el bebé «había nacido muerto», pero nadie entregó ningún certificado de defunción, ni permitió ver el cadáver, ni después quisieron señalar dónde había sido enterrado, si es que eso llegó a producirse. Esa concatenación de hechos, ocurridos «en medio de una dictadura donde mandaban los militares y las monjas», como señala Crescencio, lleva a pensar que su hermano pudo estar entre esos cientos de «bebés robados» que, para sorpresa de miles de personas, ha salpicado la historia de España con relatos increíbles. Porque, para añadir más indicios a la veracidad de lo que dice este hombre de Villalonga, el hospital Sanjurjo ha figurado entre los «sospechosos» de aquellas prácticas.

Años después, cuando las condiciones lo permitieron y cuando se pudo superar el temor a represalias en medio de la dictadura, la familia de Crescencio inició gestiones para buscar al niño. Acudió al hospital Sanjurjo y solicitó documentación pero, como en tantos otros casos similares, «no hubo respuesta». Ningún informe, salvo un ingreso, por otros motivos, que Alfonsa Valentín realizó al centro hospitalario en el año 1962. El niño nacido en 1951,al que su madre llegó a ver y de quien dijo que era «precioso», literalmente se había esfumado.

La presunta muerte eso tiene lógica porque, de ser cierta la versión que recibió la familia, lo normal habría sido cursar un documento de defunción e informar del lugar donde había sido enterrado el pequeño.

Crescencio reconoce que quizás ahora ya es tarde, pero también señala que «desde hace muchos años» no se quita de la cabeza dónde puede estar su hermano «al que enseguida le quitaron de las manos a mi madre», y por eso ahora se ha decidido a pedir que alguien le ayude, pero sin saber a quién puede dirigirse.

Son pocos los datos de que dispone. Solo que su hermano nació entre septiembre y noviembre, que, si está vivo, el próximo otoño cumplirá 69 años y que, según señala Crescencio, «debe parecerse a mí» porque también se da esa similitud con otro hermano suyo que vive en Gandia.

Que se abra una investigación

Al hacer públicos estos hechos y salir con esta historia lo que pretende es saber si puede dirigirse a algún lugar, si hay entidades o asociaciones que puedan escudriñar en el caso a sabiendas de que no dispone de más pruebas que su propio relato y todo lo que puede contar.

«Si es por mí, que se investigue, que se busque, porque no tengo ninguna duda de que mi hermano fue un niño robado», concluye este hombre que, una y otra vez, insiste en querer abrazarlo mientras se seca las lágrimas de la emoción.

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