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Caligrama a Cuatro Colores

Bollywood

BOLLYWOOd | FOTOGRAFÍA DE RAFA ANDRÉS

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BOLLYWOOd

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India nunca deja indiferente a nadie. Cuando la conoces, o la amas o la odias. Dicen que es maniquea por naturaleza, que no sabe de terminologías medias. Imagino que el caos que ella en sí misma engloba ha sido decisivo para forjarnos esa opinión tan lejana a lo que conllevaría conocerla en su verdadera esencia. Al fin y al cabo, ese mismo caos ha sido el que ha intentado llevarla al orden a través de esas terapias tan orientales como son el yoga, por ejemplo, y que tanto ha enraizado en nuestras costumbres.

El lector recordará unos caligramas atrás cuando le confesé que asociaba los países a los colores. India es plural, colorativamente hablando, y así se me manifiesta en mis pensamientos. Intuyo que la Holi Fest habrá tenido que ver bastante en esta imagen tan colorista que me despierta el lugar. Una festividad cuyo origen se remonta a la ancestral mitología hindú donde reyes, príncipes y diversas deidades nos demuestran la visceralidad humana siempre purificada por el fuego primaveral.

De todos modos, hoy no vengo a escribirles de festivales ni mitologías, sino de historias, ya que la India es un país ricamente guarnecido de leyendas, mitos y fábulas que generacionalmente se han transmitido. Y si algo les gusta a los indios, a parte de crear historias, créanme, es que se las cuenten para recrearse todavía más en su fascinante cultura.

Narraciones épicas, sagas familiares, romances entre dioses y dramas humanos son el caldo de cultivo con el que trabaja la mayor factoría cinematográfica del mundo: Bollywood. Es decir, toda aquella industria fílmica hecha en idioma hindi. Vocablo este que viene a ser un acrónimo entre Bombay y Hollywood. Hace más de cien años, después de su gran debut en París, los hermanos Lumiere llegaron al hotel Watson de Mumbai y mostraron su pequeño invento. Esto abrió la veda a la realización de las primeras películas indias de uno o dos rollos máximo. El primer largometraje sería Raja Harishchandra, en el 1913. Una epopeya que plasma lo necesarios que son los valores éticos para que una persona siempre actúe con integridad ante cualquier adversidad.

El cine, al igual que el arte, la literatura o la música, también tiene un discurso y este es clara contestación a un contexto social, político o cultural de un momento concreto. Su acción es inmediata al estar en contacto directo con las masas y su mensaje claro cuando se trata de exponer ideologías determinadas. Por eso la cultura es tan peligrosa cuando una dictadura intenta legitimarse en un lugar. En el 1943, por ejemplo, la película Kismet se convirtió en todo un símbolo, y el tema de su banda sonora, Door hato ai dinyawalon Hindustan hamara hai (váyanse ustedes, personas del mundo, la India es nuestra) en todo un himno. Estos eran momentos álgidos en la historia del país a causa del Quit India, que fue un movimiento de desobediencia civil que hacía una llamada a la independencia de la mano de Mohandas Gandhi y que tuvo sus sucesos más significativos el 8 de agosto de 1942.

Después de su liberación británica, se preludió un proceso de interiorización y descubrimiento propio que abrió todavía más las fronteras de esa riquísima cultura que vería su alter ego en la gran pantalla. Películas como Shabnam, aparte de utilizar el hindi, también utilizó el bengalí, maratí y tamil, queriendo manifestar la defensa de las variantes dialectales existentes en el país en un claro ejemplo de unión.

A pesar del trato dado a estos temas más legendarios, también se ha gestado ampliamente la temática amorosa y, cómo no, la danza. Esta es parte importantísima y definitoria en la industria bollywodiense a partir de los años 40. Se dice que esta danza se originó en Nat raja representando una de las formas de Shiva, de ahí la importancia primordial del movimiento de los brazos. En un principio encarnaban diferentes historias religiosas entrelazadas con hazañas deídicas. Más tarde acompañarían a los films para endulzarlos y darle ese carácter autóctono tan propio de esta factoría.

India es una cantidad inconmensurable de elementos que la hacen única. El Holi Fest que he mencionado unas líneas más arriba es uno de ellos. Bollywoood, otro, y el que más contribuye al PIB del país. Plataformas como Filmin tienen en su catálogo una gran cantidad de producciones indias donde uno puede meterse de ello en este perfecto caos donde una equilibrada desobediencia reina entre calles llenas de vacas, motos y carteles roídos de viejas glorias del cine que se simultanean con una extrema pobreza que enlaza, casi sin avistar, con la suntuosidad soberbia de su pléyade de templos mogoles.

Como les dije al principio. A India se la puede amar u odiar, pero no dejen, al menos, de darle la oportunidad de mostrarse ante ustedes como verdaderamente es: única.

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