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Proyecto Hombre, una puerta a la libertad

23 personas apartaron de su vida la droga en 2020 gracias al centro de día de Gandia

Constanza Romero, Noelia Casesnoves y Cristina Martínez, terapeutas de Proyecto Hombre Gandia.

Constanza Romero, Noelia Casesnoves y Cristina Martínez, terapeutas de Proyecto Hombre Gandia.

El querido y malogrado Vicent Pla, terapeuta que durante casi 30 años, hasta su repentino fallecimiento en 2020, ayudó a centenares de personas a salir de la droga, solía tener dos máximas. Una, que con tratamiento y evitando el contacto con la sustancia la adicción es como quien tiene una alergia o es diabético. La otra es que tan importante es no caer como volver a levantarse. En conclusión, un adicto lo es prácticamente durante toda su vida, pero del pozo se puede salir.

La Fundación Arzobispo Miguel Roca despliega en la Comunitat Valenciana el programa terapéutico de Proyecto Hombre. La entidad tiene cuatro centros de día —en Gandia, en Ontinyent y dos en València—, una comunidad terapéutica (o centro residencial) en València, frente al Hospital General, una vivienda de apoyo en València y presta servicios en la cárcel de Picassent.

Constanza Romero tomó el testigo de Vicent Pla. Es trabajadora social y la actual coordinadora del centro de día de Gandia. El equipo también lo forman, entre otros terapeutas, la psicóloga Cristina Martínez y Noelia Casesnoves, educadora social. Tres mujeres que conocen bien los dramas familiares de las adicciones.

El centro está en la calle Duc Carles de Borja,en la misma sede que Cáritas. Las terapias las llevan a cabo de lunes a viernes. Además, una vez por semana hay una sesión de autoayuda para los familiares de los usuarios, que se reúnen en grupo con la terapeuta y otros familiares para explicar a todos, desde su punta de vista, cómo evoluciona. Así pues, la terapia de Proyecto Hombre no sólo vincula y compromete al adicto, sino a la gente que le rodea.

«Básicamente, los usuarios deben superar tres fases», explica Constanza. «La primera, mantener la abstinencia, mejorar hábitos y motivarse; la segunda es la deshabituación y el crecimiento personal, y la tercera, ser totalmente autónomos».

Así pues, el centro de día es como un puente entre la comunidad terapéutica, si no mejoran, o un piso tutelado y la ansiada independencia y la reinserción sociolaboral como premio si las cosas van bien. En definitiva, una puerta a la libertad.

En el caso de la vivienda tutelada, en Gandia sólo hay una, para hombres, que gestiona la asociación Mosaic, y que tiene seis plazas, actualmente ocupadas. El centro contó el año pasado con 106 usuarios, que en la actualidad son 102. Y hay una lista de espera de veinte personas. Es una cifra considerable, teniendo en cuenta que el de València tuvo el año pasado a 206 personas y en Ontinyent fueron 109 las personas en tratamiento.

De los 106 usuarios en Gandia en 2020, 53 finalizaron el tratamiento y, de estos últimos, 23 recibieron el alta terapéutica. El resto, o siguen vinculados al programa en este año 2021 o acabaron por otras causas. A esto hay que sumar las consultas y las primeras atenciones, que en Gandia el año pasado fueron 143. En este primer semestre ya llevan 87 primeras atenciones, por lo que en términos relativos está subiendo.

Los monitores organizan diversos talleres con los usuarios con varios objetivos, como recuperar la autoestima o ayudarles a encontrar un empleo, si lo han perdido. También excursiones o actividades culturales, aunque estas últimas han quedado algo relegadas con el estallido de la epidemia. Pero el centro quiere relanzar estas últimas, y para ello hace un llamamiento a la ciudadanía: busca voluntarios.

En cuanto a las sustancias más consumidas, según los datos de la memoria de 2020 relativos al centro de Gandia, se lleva la palma la cocaína, con 36 adictos, seguida del alcohol (33) y la combinación de cocaína más alcohol, con 19, aunque la mayoría son politoxicómanos. Respecto de la heroína, el año pasado se registraron tres casos. Se trata de una adicción grave, más típica de los años 80, aunque actualmente se puede mantener a raya con la administración controlada de metadona o fármacos como el Suboxone.

Además, hubo 7 enganchados a la marihuana, a los porros. «Estamos notando un incremento de adictos al cannabis, no sólo entre adolescentes, sino en personas de 35 a 45 años», apunta Constanza Romero. «Y además es una marihuana con un alto contenido en THC, es decir, más pura, por lo tanto causa una mayor adicción y problemas neurológicos más graves, como brotes psicóticos». La estadística se cierra con cuatro adictos al juego (la ludopatía), y cuatro más a otros estimulantes.

La adolescencia, etapa crítica

Según un estudio de la fundación en base a los datos de 2020, el perfil del usuario es el de un hombre de 40 años soltero con estudios obligatorios y en paro. La adolescencia es la etapa de mayor riesgo para generar adicciones.

El 32% vive con sus padres. El 45% reconoce tener deudas económicas. El desempleo afectaba al 48% de hombres y al 61% de las mujeres usuarias. Destaca también el bajo nivel formativo (un 5% no tiene estudios y un 25% solo la Primaria), mientras que el 33% tiene alguna condena judicial o causa pendiente con la justicia.

Son, por tanto, un colectivo vulnerable. «Pero que nadie se llame a engaño, las adicciones golpean a todas las familias, con independencia de su clase social o su poder adquisitivo», advierte la coordinadora de Gandia. El 50% pidió ayuda a Proyecto Hombre por «sentir haber tocado fondo», un 20% por consejo de sus familiares y un 18% por motivos psíquicos o psicológicos.

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