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La devastadora gripe de 1918 en Oliva

La llamada «cucaracha», que arrasó Madrid en primavera, llegó con virulencia a tierras valencianas en el otoño de ese mismo año

La devastadora gripe de 1918 en Oliva | J.C.

«Cerramos 1918, un año muy triste». Así lo anotaba en su dietario meteorológico el farmacéutico gandiense Gaietà Garcia. Y no era para menos, ya que fue el año de la pandemia más letal del siglo XX. Cuando Europa salía exhausta de la Primera Guerra Mundial llegó otro enemigo, la gripe, que en España mató a cerca de 200.000 personas.

Antoni Arlandis y Francesc Devesa, médicos olivenses ya jubilados, son, hasta la fecha, los únicos estudiosos en la Safor de aquella pandemia, pero centrándose en Oliva. En 2018, con motivo del centenario de la misma y sin sospechar que dos años después el mundo viviría otra emergencia sanitaria, la Associació Cultural Centelles i Riusech organizó en Oliva un ciclo de conferencias con otros ponentes más, como Joan R. Morell y Josep Bernabeu-Mestre. Todo ese ingente trabajo se plasmó en el número 16 de la revista «Cabdells», que se puede descargar de manera gratuita en internet, a través del portal Racó.cat.

El jueves pasado Arlandis y Devesa ofrecieron una conferencia en Gandia, en la Casa de la Cultura, la última de las cuatro programadas por el CEIC Alfons el Vell y la UPV, dentro de la Semana de la Ciencia.

Devesa, además, habló de las diferencias entre la actual pandemia de la covid y aquella, conocida por aquel entonces por sobrenombres como «la cucaracha», «el Soldado de Nápoles», «grippe» o «gripe española», aunque su origen hay que buscarlo en los Estados Unidos.

Basándose en los libros de defunciones de los archivos parroquiales de Sant Roc y Santa Maria entre los años 1917 y 1920, los únicos disponibles tras la quema del municipal en la Guerra Civil, Arlandis y Devesa llegaron a un balance provisional de fallecidos. Según sus cálculos, la epidemia dejó 135 muertos en Oliva. «Entre septiembre y octubre de 1918 hubo una media de cuatro muertos diarios en Oliva por gripe, una barbaridad», relató el jueves Arlandis. La población de Oliva retrocedió, aunque no sólo por la gripe, también por la emigración, y en 1920 era de 8.995 habitantes.

Oliva, al igual que Pego, fue una de las ciudades valencianas más afectadas por la enfermedad, con una incidencia de 15 casos por cada mil habitantes, frente a los 4,4 de la capital, València, por ejemplo.

Por otra parte, es de las pocas poblaciones valencianas que cuenta con un documento escrito en la época sobre el brote epidémico. Se trata de un informe que el médico J. Perrón redactó al acabar su misión de refuerzo, publicado por «La Crónica Médica» en febrero de 1919. En su estremecedor relato Perrón llega a decir que si la epidemia se extinguió fue «por falta de combustible», en alusión a que pocas personas sanas se libraron de la infección.

La gran tragedia de aquella gripe es que afectó a veinteañeros sanos, mientras que la covid se ha cebado sobre todo con ancianos y con patologías previas. Más del 40% de los fallecidos eran personas de 20 a 40 años. La gripe atacaba a personas con defensas bajas y menos expuestas a patógenos, pero no hubo distinción de clase social. También llegó a personas ricas o pudientes, con un sistema inmunológico menos resistente que, por ejemplo, los agricultores, acostumbrados a duras jornadas en el campo y a enfermedades causadas en los arrozales como el paludismo. Esta es otra deducción que hicieron Arlandis y Devesa después de observar hubo más fallecidos por gripe en la parroquia de Sant Roc (54%), situada en la parte alta de la ciudad y con una feligresía más acomodada, que en la de Santa Maria (46%), donde generalmente acudía gente más humilde.

Por otra parte, aunque la transmisión del virus de la covid y de la gripe es por vía aérea y los síntomas son parecidos, hay grandes diferencias entre las epidemias de los siglos XX y XXI. Empezando porque en 1918 se desconocía el patógeno que causaba la gripe, un virus que no se identificó hasta 1933. De hecho, se pensaba que era una bacteria, no un virus. En cambio, en 2019, cuando se origina la covid, ya había numerosas investigaciones en coronavirus, e incluso habían causado epidemias en Asia y Oriente Medio.

En 1918 la influenza tardó ocho meses en extenderse por el mundo, mientras que al nuevo coronavirus le han bastado dos meses y medio. Antes la gripe viajaba en tren, mientras que en el mundo global de hoy la covid lo ha hecho en avión.

En 1918 también se cerraron escuelas y se cancelaron festejos y espectáculos, pero no se llegó a un aislamiento domiciliario, quizá por el nulo concepto de Salud Pública y de una vigilancia epidemiológica. La actitud de la Iglesia ha cambiado; entonces, tanto en Oliva como en Gandia se llegaron a celebrar procesiones rogativas multitudinarias, y hoy se ha plegado a las recomendaciones de las autoridades sanitarias.

En aquella gripe hubo dos olas. La de primavera afectó sobre todo a Madrid, la de otoño fue la más letal en tierras valencianas. Hay expertos que hablan de una tercera ola, más irregular y menos mortal, a caballo entre los años 1919-20. En cambio, con la covid ya llevamos cinco oleadas y todavía no se ha acabado.

Sí que fue similar la reacción de la gente, primero haciendo chanzas y bromas, y luego, con verdadero pánico. «En 1918 la pandemia de gripe les pilló acostumbrados a enfermedades infecciosas como el cólera, mientras que nosotros en 2020 pensábamos erróneamente que éramos inmunes», indica Devesa.

«Sin vacuna ni tratamiento, los médicos probaron de todo, pero sólo daban remedios paliativos, como la aspirina, y en algunos pacientes incluso se pasaron de dosis y fue peor», apunta Arlandis. La penicilina no se inventa hasta 1924.

Los enfermos se desesperaban de puro pánico, o incluso por afecciones neurológicas que podía causar el propio virus. «La prensa informó que un vecino del Grau de Gandia, al notificarle el médico que padecía la enfermedad, se tiró a una balsa y murió ahogado», recoge Devesa. Hoy, afortunadamente, las vacunas salvan vidas, al igual que la mejor red asistencial sanitaria y las «ucis» en los hospitales.

Esa gripe, al menos, supuso un antes y un después para mejorar las condiciones de higiene y salubridad. A principios del siglo XX no había una red eficaz de alcantarillado y agua potable. La consecuencia en ambos casos ha sido la crisis económica, aunque salvando las distancias. El jueves, en la conferencia, Devesa remarcó que sería conveniente realizar un gran estudio sobre el impacto de la gripe de 1918 en Gandia o a nivel de toda la Safor.

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