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Cáritas y el CAI de Gandia, diez años atendiendo el sinhogarismo

El Centro de Atención Integral Sant Francesc de Borja abrió sus puertas en 2012 y ha atendido a 2.500 personas sin hogar ayudándolas a rehacer sus vidas y a integrarse en el mundo laboral

Varios usuarios del Centro de Atención Integran Sant Francesc de Borja de Gandia, en una imagen facilitada por Cáritas. | LEVANTE-EMV

Corre el año 2012 y Carlos Osoro, arzobispo de Valencia, se dirige a Gandia para inaugurar y bendecir el Centro de Atención Integral (CAI) de Sant Francesc de Borja. Referente en la Comunitat Valenciana, el CAI, como lo conocen los trabajadores de la organización, es el primer centro que reúne tres recursos en uno. El espacio es residencia temporal, Centro de Día y lugar donde se imparten talleres prelaborales con intención, todo ello, de que las personas sin hogar sean capaces de rehacer sus vidas.

Han pasado ya 10 años desde aquella visita y Cáritas Interparroquial está de celebración porque el proyecto, que comenzó con la esperanza de cambiar las condiciones de los más necesitados, sigue en pie, y lo hace, además, con una valoración positiva.

Por aquellas fechas, afirma el subdirector de la entidad, Chema Puente, «se hacía una atención muy puntual». De ahí, explica el segundo cargo de Cáritas Gandia, que vieran la necesidad de atender a las personas sin hogar «de una forma integral» y no, como se había hecho hasta el momento, simplemente de manera « asistencial».

El Centro de Atención comenzó ofreciendo servicios muy básicos, como el techo y el abrigo. Sin embargo, el paso del tiempo ha permitido a la organización aumentar sus prestaciones llegando a tener, hoy en día, acceso a la atención psicológica y acompañamiento a través de Itinerarios de Inserción Laboral del Fondo Social Europeo, que financia proyectos creados para ayudar a las personas en riesgo de exclusión social a mejorar sus perspectivas de empleo.

Destaca, además, el espacio que Cáritas Gandia habilitó en 2016 para que las mascotas, gran apoyo de quienes sufren el sinhogarismo, pudieran convivir con sus dueños. La iniciativa, impulsada con ayuda de la peluquería canina Pelant Peluts y la asociación El Rincón de la Mascota, permite que los compañeros de los usuarios del centro reciban una atención sanitaria adecuada y tengan unas buenas condiciones higiénicas. Gracias a este servicio, el CAI se convirtió en uno de los pocos recursos del país en disponer de alojamiento para las mascotas.

Un huerto, una granja, talleres de jardinería e, incluso cocina ofrece este centro que, en una década, ha visto al 35 % de sus 400 huéspedes mejorar sus vidas, y a la mayor parte de ese porcentaje, encontrar trabajo.

«Hemos conseguido que vuelvan a la sociedad con una dignidad recuperada», comenta, satisfecho, Francisco Carrió, actual director de Cáritas Gandia.

En cuanto a los residentes actuales, devuelven la ayuda que reciben formando parte de otros servicios de Cáritas. La elaboración de «packs» de comida, por ejemplo, es una de las tareas que llevan a cabo como forma de agradecimiento al centro.

De esta manera colaboran con quienes todavía no han conseguido abandonar la calle a vivir en mejores condiciones. Esta función tienen, también, las tres viviendas con las que cuenta la asociación. El objetivo, explican desde el CAI, es que estas personas puedan acceder a un alojamiento para concluir su itinerario de reinserción sociolaboral.

Son muchas las acciones que lleva a cabo la entidad para acabar con el problema, pero ninguna podría salir adelante sin la ayuda de sus trabajadores.

Los técnicos y voluntarios, pilar fundamental para Cáritas Gandia, se encargan de dar auxilio a los habituales, pero también a quienes, según el subdirector de la asociación, han «abandonado el recurso» por no estar «en su momento». Aunque la opción de quedarse o no es voluntaria, se van sabiendo, afirma Puente, que «Cáritas no les va a dejar, se les va a atender de otra manera».

Sí, hay quien decide construir su camino sin ayuda de la entidad, pero la vida en la calle puede derivar en enfermedades y el hecho de no recibir atención médica supone un riesgo.

Desgraciadamente, explica el subdirector, ha habido mucha gente que se ha quedado por el camino. «Han muerto, pero hemos conseguido que lo hagan dignamente y rodeados de sus seres queridos», comenta Puente.

Con motivo del décimo aniversario, el centro instalará un «Árbol de la memoria», escultura que servirá para conmemorar a todas las personas sin hogar fallecidas de la ciudad.

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